Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

La emergencia de un nuevo paisaje histórico – 133 Esta conformación de las imágenes antropomorfas pareciera que busca no producir, ni promover diferenciaciones o individualizaciones entre los sujetos grabados en las rocas. Por el contrario, todas ellas privilegian los mismos atribu- tos en su construcción. Sin embargo, este colectivismo se quiebra por un diseño específico: las cabezas. Ellas no sólo establecen relaciones con imágenes de más antigua data en la región, como son las cabezas tiaras, sino que también es una visualidad que se distingue claramente del restante corpus rupestre. A diferencia de los otros diseños, las cabezas cruzan dos soportes materiales, petroglifos y cerámica. En ambos casos la cabeza no se representa de forma «na- tural», sino que muestra algún grado de transformación que le otorga identidad. En los petroglifos esta transformación implica una segmentación del rostro por trazos interiores, y la aplicación de líneas, escalerados o puntos en distintos sec- tores interiores, en ocasiones representado ojos, bocas y/o narices. En la alfarería, el rostro se encuentra transformado por la aplicación de un moteado a partir de puntos y la aplicación de una boca que presenta dientes entrecruzados a manera de felino. En la alfarería esta combinación de elementos humanos-felínicos ha sido reconocido por diferentes autores (p.e. Latcham 1926, Cornely 1956, Cor- nejo 1989) (Figura 5.10) Figura 5.10.- Cabezas en el arte diaguita: a) cerámica (plato antropo-zoomorfo, colección Durruty, Museo del Limarí), b-c) arte rupestre (sitios Huintil 9 y Maravillar, Choapa). Figura 5.9.- Antropomorfos lineales diaguita: a-b) sitio La Tranca del Diablo (Limarí), c) Cogotí 49 (Combarbalá)

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=