Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
132 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile En esta estrategia de creación de comunidad surge la pregunta sobre qué tipo de comunidades crearon estos sitios de arte rupestre. Como sugieren varios autores, las dinámicas sobre las cuales se construyen políticamente las comuni- dades requieren como principio básico la aceptación y soporte por parte del gru- po social de los principios que definen los liderazgos y el orden social (Nielsen 2006, 2007, Pauketat 2010). Los espacios públicos son lugares relevantes de este proceso de construcción del orden, así como las prácticas de afiliación, pues a través de ellas se produce, negocia y reproduce el ethos de la comunidad (p.e. Pauketat 2000, Yaeger y Canuto 2000, Mac Sweeney 2011). Este hecho hace que la producción y los sitios de arte rupestre sean puntos neurálgicos para compren- der este proceso en la región. Visualmente, las representaciones rupestres diaguita se caracterizan por un predominio de diseños no figurativos, los que no podemos asociar con elemen- tos específicos para discutir su dinámica en este ámbito. Sin embargo, vale la pena señalar que en este conjunto no hay ningún motivo que pueda ser inter- pretado como una herramienta específica, adorno u otro tipo de objeto de cul- tura material mueble. Estas ausencias sugerirían que no hay ítems especiales de la cultura material que se grafiquen, ni tampoco se podría apelar a sistemas de representación que legitimasen posesiones particulares de animales o asociacio- nes específicas de sujetos con animales, como sí sucede en otros espacios de Los Andes (p.e. Aschero 2000, Berenguer 2004), dada la ausencia de imágenes de interacción humano-animal. ¿Qué ocurre con las representaciones humanas? Ellas parecieran responder al mismo patrón. Los humanos no se representan en ningún tipo de escenifi- cación que dé cuenta de actividades particulares que se plasmen en la roca. Las personas tampoco se asocian a elementos de cultura material específicos: no hay sujetos con hachas, adornos o inclusive tocados. Aún más, las mismas formas de dibujar a los humanos son extremadamente simples, círculos para cabezas, líneas para cuerpos y extremidades. Aunque ellos pueden adquirir distintas posi- ciones, su representación es extremadamente homogénea. Ellos pueden aparecer aislados o en conglomerados de un par de sujetos en un mismo panel. En estos últimos casos, no se observan diferencias en los tamaños tampoco. Inclusive, el hecho de dibujar los cuerpos como meras líneas elimina la posibilidad de re- presentar decoraciones en los torsos o algún tipo de vestimenta, no obstante el hecho que los textiles son uno de los elementos identitarios y de prestigio más re- levantes en los Andes prehispánicos (p.e. Gallardo y Cornejo 1993, Murra 1980, 2002) (Figura 5.9).
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