Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
La emergencia de un nuevo paisaje histórico – 129 parte, ellos se ubican en un punto que marca el quiebre entre los espacios de cultivo (lugares de la vida cotidiana) con las quebradas altas y cerros, lugares donde nuestros trabajos no han mostrado la presencia de restos arqueológicos, indicando que son espacios alejados de las prácticas de la vida cotidiana y donde ocurrieron actividades diferentes a las reconocidas en los espacios de cultivo. A su vez, al ubicarse en estas rutas de movimiento asociadas con las salidas de los valles, los petroglifos se ubican en lugares que segregan territorios, marcando por tanto la salida del espacio de una comunidad y el tránsito al territorio de una comunidad vecina. En el caso de la modalidad 2 se da una lógica similar, en tanto estos sitios se ubican en puntos que marcan el paso e inflexión desde una cuenca a otra, o desde un territorio a otro. De hecho, estos sitios se ubican en lo que hoy en día son el cruce de rutas que llevan a los arrieros hacia distintos puntos de la región, por lo que en esa lógica siguen correspondiendo a lugares asociados a una transición o sector intermedio. Todo lo anterior indica que los sitios de arte rupestre se constituyen como verdaderos lugares de mediación. Por una parte, median entre dos tipos de espa- cios diferentes (lugares cotidianos-lugares no cotidianos; territorios de comuni- dades), pero también median entre los distintos tipos de sujetos que conforman la comunidad diaguita (Figura 5.7). Este rol de mediación nos parece clave para entender la lógica y sentido de estos espacios públicos. Por una parte, el paisa- je en los Andes prehispánicos, y en múltiples sociedades agrícolas, se considera organizado a partir de fuerzas, atributos, seres no humanos y espacios con carac- terísticas distintas entre sí (Allen 2002, Haber 2009). Los puntos de mediación entre estos distintos espacios en los Andes son altamente relevantes en términos cosmológicos y semánticos. A manera de ejemplo, los estudios de Cruz (2006) en Bolivia han mostrado cómo los lugares transicionales entre paisajes y zonas ecológicas reciben el nombre de punkus o puertas. Estos son lugares peligrosos que albergan a personajes maléficos y requieren una serie de ritualidades para atravesarlos. Ellos suelen corresponder a puntos que comunican diferentes regio- nes y que son frecuentemente utilizados por las comunidades andinas. Pero estos espacios de conexión (generalmente quebradas), no sólo conectan lugares, sino que también diferentes espacios cosmológicos, fuerzas y seres. Recorrer y pasar estos espacios requiere desplegar una serie de prácticas, entre las que se cuenta la manufactura de arte rupestre, específicamente en los puntos liminales donde se producen inflexiones espaciales.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=