Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

128 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile gan su acción social (Ingold 1987, Meillasoux 1990, Criado 1989, 2012, Hernan- do 2002). El área agrícola correspondería en este caso al valle, espacio de la co- munidad cuyos lazos que se definen también por una relación genealógica a este territorio (Ingold 1987, Meillasoux 1987, Criado 1989, 2012, Hernando 2002). El desplazamiento espacial que se genera en la práctica de hacer arte rupestre en relación con tiempos previos, y que produce que la práctica de marcar rocas se mueva desde espacios residenciales a zonas no-residenciales no sólo construye un nuevo campo de relaciones, sino que es coherente con la dinámica de la vida social del momento. Como ha sido sugerido, no obstante la escasa integridad espacial Diaguita, su nivel de organización social seguramente estuvo estructu- rado, al menos, a nivel de cuencas (Ampuero e Hidalgo 1975, González 2013). Por un lado, las decoraciones cerámicas muestran la presencia de tendencias di- ferenciales en los motivos entre estos territorios (González 2013, Vásquez 2017), pero también los estudios de tecnología cerámica sugieren un cierto nivel de es- tandarización en la conformación de algunas vasijas, implicando alguna articu- lación mayor que la de nivel familiar, pero sin constituirse en unidades sociales centralizadas (Ossa 2017). En ese contexto de la creación de una unidad social macro familiar, y considerando la manufactura de arte rupestre como una prácti- ca de afiliación, su producción fuera de los espacios residenciales y en zonas que podemos definir como comunales, es coherente con la constitución de espacios públicos donde se intenta crear e integrar una comunidad de amplia de escala. La existencia de las mencionadas dos modalidades de sitio nos parece que refleja bien esta situación. Por una parte, los sitios ubicados en el valle (modalidad 1), se asociarían con rutas de movilidad para salir de estos espacios y acceder a locali- dades vecinas y estarían en directa relación con la conformación y reproducción de la comunidad intra-valle. Por otra, los sitios de la modalidad 2 ubicados en interfluvios, serían sitios que se asocian con la conformación de unidades social más amplia y que integran múltiples valles. Su ubicación en espacios interfluvia- les asociados a rutas de movilidad que unen distintas cuencas entre sí y con la vertiente oriental de los Andes, además de ser los sitios más intervenidos impli- cando una mayor intensidad de prácticas y circulación por tales lugares, sugiere que responden a una escala social más amplia que simplemente la de la unidad social del valle. Sin embargo, la ubicación de los sitios de arte rupestre fuera de los espacios residenciales y en las zonas mencionadas también tiene otra implicancia rele- vante para comprender la lógica de esta práctica y la relacionalidad del arte ru- pestre en estos momentos. En el caso de la modalidad 1, los sitios de petroglifos se encuentran en espacios que podemos denominar como intermedios. Por una

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