Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

La emergencia de un nuevo paisaje histórico – 127 A su vez, la práctica de marcar rocas y el arte rupestre van creando formas de circulación y de mirar al interior de los sitios, los que van articulando los nuevos grabados con los previamente existentes dentro de un circuito de desplazamien- to organizado. Observar el arte rupestre, por tanto, no sólo implica seguir los bloques, sino que también ajustarse a los requerimientos que este hecho propo- ne, articulando movimientos lineales en los bloques con una cara grabada a otros movimientos que requieren recorrer varias caras de la roca para observar los di- seños. La atmósfera del arte rupestre, por tanto, pone en juego rocas, cuerpo, es- pacio, tiempo y movimiento. Esa experiencia y desplazamientos son producto de una acción colectiva que despliega la comunidad a partir de los múltiples actos de marcado. Si bien no podemos conocer los significados asociados específica- mente a estos movimientos, sí sabemos que en ellos articulan presente y pasado, así como otros miembros de la comunidad que no están ahí presente. Moverse por los sitios, por tanto, es moverse y articular con la historia y la memoria de la comunidad que se va construyendo en estos espacios. Aunque desplegados a una escala diferente a la nuestra, diferentes estudios han mostrado como el recorrer caminos y las dinámicas de movilidad son tam- bién experiencias multitemporales que articulan con la historia, los antepasados y la memoria de los grupos sociales (Snead et al. 2009, Snead 2009, Zedeño et al. 2009). La misma aparición de petroglifos a lo largo de estas rutas ha sido pensada como espacios de memoria y de ritualidad asociada al desplazamiento (Snead 2009). Sin embargo, en nuestro caso, esto no sucede a lo largo de extensas rutas que se despliegan en la región, sino que, por el contrario, en los pequeños espacios que se construyen a partir de la reiteración de la práctica de marcar a lo largo del tiempo. Por tanto, los sitios de arte rupestre se constituyeron en espacios de agrega- ción social de la comunidad no obstante no estuviesen presentes físicamente el conjunto de otros miembros del grupo social. Es a través de las imágenes, rocas y las narrativas e imaginarios asociados con el arte rupestre que el grupo social se hace activo en tal lugar, uniendo en un mismo lugar presente y pasado. Los sitios con petroglifos y cementerios se constituyen en espacios multitemporales y de memoria del grupo social, reafirmando los lazos sociales con un territorio y, donde cada acto de enterrar un nuevo cuerpo o de marcar una nueva roca reitera y reconstruye esas relaciones de la comunidad con su historia y memoria, gene- rando el mencionado espacio multitemporal que articula presente y pasado. Esta estrategia sería coherente con la lógica de los grupos agrarios tal como lo vimos en el apartado anterior, en tanto ella descansa en la apropiación, enraizamiento y legitimación de los derechos sobre el terreno en que estas comunidades desplie-

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