Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
La emergencia de un nuevo paisaje histórico – 125 cementerios, los cuales al moverse desde cumbres o laderas de cerro a fondos de valle pierden su amplia visibilidad espacial, indicando una forma de articulación paisajista diferencial a la de tiempos anteriores. En ese contexto es sugerente que los espacios de los ancestros se relacionen directamente con tierras agrícolas, re- lación que podría interpretarse a la luz del papel fertilizador de los antepasados y la legitimación de territorios por parte de la comunidad. Un segundo espacio de agregación social pensamos que corresponderían a los sitios de arte rupestre, especialmente, los sitios con una alta cantidad de rocas grabadas. La producción de petroglifos, por tanto, no sólo sería una práctica que uniría y generaría comunidad entre las distintas unidades familiares diaguita a lo largo del territorio, sino que también los lugares de marcado se constituirían en espacios propios a esta actividad. ¿Como se despliega este procedimiento? En primer lugar, y como hemos visto, la práctica de manufacturar arte rupestre es una actividad intensiva que a través de su despliegue va creando un paisaje cada vez más marcado por imágenes en las rocas. No obstante esta intensidad productiva, los diferentes sujetos que marcan las rocas remiten a patrones generales de diseños y simetría compartidos regionalmente. Como resultado de lo anterior, la variabilidad iconográfica es baja en comparación con la cantidad de rocas manufacturadas. En segundo lugar, la alta heterogeneidad técnica que se observan en los pe- troglifos da cuenta de su manufactura por diferentes manos (Ivanovic 2015, Ver- gara y Troncoso 2015, Vergara et al. 2016). Sobre un mismo tipo de diseño como pueden ser los antropomorfos, o los círculos, por ejemplo, se despliegan distintas soluciones técnicas por parte de sus ejecutores: trazos que muestran diferentes cantidades de corteza interna, trazos que presentanmayor regularidad en sus gro- sores o bien una mayor continuidad. Estas distintas soluciones técnicas, si bien pueden responder también a intenciones en las formas de construir la visualidad de diseños, reflejan en alguna medida la experticia del(a) manufacturador(a) en términos de capacidad de controlar los movimientos de extracción de corteza y delineamiento del trazo, así como de detallismo en la limpieza del surco. En tercer lugar, y como ya vimos, la práctica de producir arte rupestre no es espacialmente aleatoria. Por una parte, ésta se realiza siempre fuera de los es- pacios habitacionales y en asociación a rutas de movilidad. Por otra, si bien hay una heterogeneidad en la cantidad de rocas marcadas en cada concentración, son pocos los casos en los que se presenta sólo un bloque marcado por sitio. Por el contrario, una vez marcado un espacio, este suele verse vuelto a marcar por la intervención de otras rocas. Las diferencias de pátina que recurrentemente se ven en un mismo panel a lo largo de los sitios dan cuenta de esta dinámica.
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