Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

La emergencia de un nuevo paisaje histórico – 121 De esta manera, la visualidad del arte rupestre diaguita no solo se segrega de lo conocido anteriormente, sino que también se separa de lo que está presente en otros soportes materiales y que es posible de encontrar en los sitios residenciales. Sólo las cabezas están explícitamente presentes en distintos ámbitos materiales (arte rupestre y cerámica) así como experienciales (espacios rupestres, espacios residenciales, espacios funerarios), aunque unos pocos escalerados también cru- zan estos diferentes ámbitos. No obstante ello, sí se comparten patrones de sime- tría entre las visualidades presentes en la alfarería y los petroglifos. La producción de arte rupestre, por tanto, es una práctica que se segrega experiencial, espacial y materialmente del resto de actividades que desarrollan estas comunidades en los espacios habitacionales y sus tierras agrícolas. Ni sus asociaciones espaciales, ni las representaciones visuales generan alguna relacio- nalidad y citacionalidad con otros ámbitos de la vida cotidiana. Ella tampoco escenifica actividades de la vida cotidiana. Los animales dibujados correspon- derían básicamente a camélidos no domesticados como lo indica la ausencia de escenas propias a pastoralismo (Troncoso 2012, Becker 2004). Esta lógica dis- cursiva reafirmaría la separación de lo cotidiano, pues apelarían a animales que posiblemente no pueblan las terrazas agrícolas, ni las áreas de vivienda, sino que deambularían por cerros tal como ocurre hoy en día en la región. La misma cadena de producción de arte rupestre no establecería relaciones con otras prácticas productivas o espacios, como sí ocurría, por ejemplo, con las pinturas, pues tanto las materias primas como los instrumentos requeridos para la manufactura de grabados son obtenibles en los mismos sitios de arte rupestre (Vergara y Troncoso 2015; Troncoso et al. 2020). De esta manera, la práctica de producir y experienciar petroglifos ya no construye los espacios de la vida coti- diana, los asentamientos, sino que, por el contrario, construye y demarca los lí- mites espaciales de los valles, que son a la vez los límites de los espacios en los que se desarrolla la vida cotidiana de estas poblaciones como lo evidencia la ausencia de sitios arqueológicos diaguita sobre la cota de los lugares con petroglifos. Si- guiendo a Sørensen (2015), esto implicaría la conformación de una atmósfera diferencial a la de tiempos anteriores y en las que se despliegan otro tipo de afec- ciones y experiencialidades. De esta manera, aunque la red de relaciones que establece la producción de arte rupestre se reduce en comparación a lo que ocurría previamente, la alta re- currencia de sitios marcados, así como de rocas con petroglifos diaguita establece una serie de conexiones y citacionalidades tanto entre distintos lugares a nivel regional, como entre distintas rocas en un mismo sitio debido a la constante re- activación de estos lugares por medio de la elaboración de nuevos grabados.

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