Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
120 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile ingresar a los sitios rupestres, poder observar todos los bloques con petroglifos. De esta manera, las rocas marcadas se vuelven verdaderos estructuradores de los cuerpos en tales espacios, en tanto ellas van marcando y guiando a las personas en sus recorridos. Pero a la vez, los recorridos de las personas van creando arte rupestre y remarcando esos recorridos para el futuro. Por otra parte, el arte rupestre va de la mano con una visualidad que cons- truye nuevos tipos de diseño y discursos en el paisaje. Si bien el grueso de sus representaciones son diseños no figurativos, especialmente motivos complejos formados por la unión o combinación de círculos y líneas, ellas se diferencian de las existentes previamente. A su vez, los diseños de los petroglifos no aparecen en la cerámica, con la excepción de algunos pocos motivos escalerados y círcu- los con puntos. Algo similar ocurre con lo figurativo. Las representaciones de animales, correspondientes mayormente a camélidos, no están en otros soportes y no se encuentran en escenas que den cuenta de prácticas de la vida cotidiana. En los antropomorfos ocurre lo mismo. Hay figuras antropomorfas de cuerpo entero, pero dibujadas muy simples; el cuerpo y las extremidades son sólo líneas, correspondiendo la cabeza a un punto, círculo o línea; los troncos a su vez no tienen volumen y, por ende, decoraciones interiores. En sus cabezas no se ob- servan tocados o algún otro tipo de atavío cefálico, a diferencia de lo que ocu- rría en tiempos previos. Las indicaciones de sexo son escasas, correspondiendo básicamente a líneas rectas que asemejan falos. Sin embargo, como bien indica Hays Gilpins (2003), la asignación de sexo a partir de estos elementos siempre es compleja y remite a patrones culturales históricos de las comunidades, por lo que se debe evitar cualquier ecuación simple entre genitales y género. Al igual que sucede con los camélidos, los antropomorfos no se representan en escenas o interactuando entre ellos. Acompañan a estos motivos las cabezas, un diseño que está presente desde tiempo previos y que se reconoce también en la alfarería. Las cabezas grabadas son diseños circulares o cuadrangulares con representaciones de ojos, bocas y/o narices por medio de diferentes elementos geométricos, los que van desde cír- culos/cuadrados hasta escalerados. En ocasiones ellos tienen una línea que seg- menta su espacio interior, el que a su vez se organiza por complejos principios de simetría. Si bien en ocasiones han sido asociadas con la idea de las cabezas tiaras (p.e. Castelleti 2008), responden a una lógica diferente, como fue tempra- namente reconocido por Mostny y Niemeyer (1983). Mientras las cabezas tiaras priorizan la visualidad de los tocados por sobre las cabezas, en estas últimas su- cede lo contrario. De hecho, los tocados o atavíos cefálicos son escasos y, en los casos en que se reconocen, sus dimensiones son menores.
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