Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

108 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile identidad y alianza a partir del reconocimiento de antepasados y de autoperte- nencia por los tocados. Por sobre ello, esta incorporación de lo humano dentro de las narrativas e imaginarios producidos desde el arte rupestre genera un cam- bio relevante que llevará a la articulación de los cuerpos y personas en los discur- sos visuales y políticos que permean el paisaje en este momento. Desafortunadamente, los escasos petroglifos conocidos, sumado al reducido rango temporal de estos petroglifos de surco profundo (ca 500 a 1.000 d.C.), no permite reconocer, ni evaluar en mayor profundidad las transformaciones que se producen al interior de este conjunto, ni su variabilidad intrarregional. No obstante ello, lo cierto es que desde sus formulaciones visuales este conjunto propone una nueva forma desde donde construir comunidad, no obstante las continuidades que se observan con las pinturas rupestres. La relevancia de este giro hacia la presencia de personas y cabezas será un aspecto que marcará las fu- turas tradiciones de arte rupestre. De la misma forma, se hace aún complejo como una práctica y materialidad tan escasa se extendiera por un espacio tan amplio considerando la reducción de movilidad que se observa en las comunidades cazadoras-recolectoras. Sin embar- go, pensamos que es posible reconocer dos lineamientos al respecto que orientan este proceso. Por un lado, la ya existencia de una tradición de marcar rocas pone un sustrato que genera una cierta forma de estar-en-el-mundo que deviene en realizar estas intervenciones y desplegar estas articulaciones particulares con las rocas, aunque ellas se desplieguen de formas diferenciales. De hecho, es este sus- trato relacional básico el que marca buena parte de la historia de la región de Co- quimbo durante los últimos 5.000 años de historia. Por otro, este cambio a gran escala posiblemente es parte de un proceso más amplio que discutiremos más adelante y que refiere al flujo de una serie de saberes, narrativas y prácticas que deviene en lógicas materiales comunes, pero diferenciales en el espacio y donde esa diferencia se funda en las dinámicas locales de las distintas comunidades y sus localidades (Troncoso y Pavlovic 2013) Aunque los petroglifos de surco profundo y las cabezas tiara son la manifes- tación rupestre más conocida de todo el norte semiárido, lo cierto es que ellas son el resultado de una práctica espacial y temporal muy restringida y de la cual conocemos bastante poco. A pesar de esta carencia, ella muestra una serie de continuidades con las pinturas rupestres, pero también un conjunto de innova- ciones técnicas y visuales que permiten distinguirla como un conjunto particular en la región. Sus características tecnológicas, visuales y rítmicas dan cuenta de

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