Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
INTRODUCCIÓN – xi prehispánica local, sino que también pensamos que permite una reflexión más abstracta y menos local sobre el papel que desempeña esta práctica y materialidad para la comprensión de estos procesos. En la mirada que desplegamos a través de este libro no sólo buscamos cruzar y evaluar estas relaciones entre arte rupestre e Historia, sino también con un ele- mento particular de este proceso, el cual es discutir cómo la producción de estas manifestaciones articula con la construcción social de las comunidades prehis- pánicas en el centro norte de Chile a lo largo de estos 4.000 años. Poner el foco sobre este proceso es también una forma de dar cuenta de la relevancia que tiene el arte rupestre no sólo para pensar y reflexionar sobre los procesos históricos, sino también con la articulación socio-política de las comunidades. Recorrer este camino implica desplegar un enfoque basado en la idea que la producción de arte rupestre es una práctica social generativa y relacional a través de la cual se enlazan lugares, materias, seres, personas y narrativas. Ello deriva en alejarse parcialmente de los enfoques centrados exclusivamente en los aspectos visuales de esta materialidad, para entender también sus ámbitos espaciales y tec- nológicos, así como la forma en que la producción y experiencias asociadas con estas imágenes se relaciona con las prácticas socio-espaciales, formas de habitar y modos de existencia de las comunidades a lo largo del tiempo. Esta premisa básica deviene en otros dos aspectos que nos parece no son tan recurrentes en la investigación sobre el arte rupestre, pero creemos que son de la mayor impor- tancia para explorar el potencial heurístico de este tipo de registro arqueológico. En primer lugar, hay que reconocer que el arte rupestre no es un epifenóme- no de lo social, ni que remite única y exclusivamente al ámbito simbólico-ritual. Por el contrario, esta materialidad posee una capacidad generativa que deviene de su capacidad de afectar las prácticas e imaginarios sociales de las comunida- des humanas, actuando sobre los aspectos económicos, sociales y políticos de las poblaciones (p.e. Aschero 1988, 1988; Fiore 1996, 2007; Troncoso 2008; Fahlan- der 2013; Jones 2017). Este carácter generativo social no se reduce únicamente al poder de las imágenes y sus posibilidades de encantamiento (Gell 1998, Mor- gan 2018), sino también al conjunto de prácticas y relaciones que se despliegan y articulan a partir de su producción y experienciación (Armstrong, Troncoso y Moya 2018). Por tanto, no es posible pensar las formas de construcción y repro- ducción de las comunidades sin entender el papel que juega el arte rupestre en este proceso. Segundo, como toda práctica social y materialidad histórica, ella es atingen- te y contingente a sus contextos espaciales y temporales. Esta idea implica que las formas en que el arte rupestre afecta y se integra con las dinámicas de producción
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