Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Re-ensamblando rocas y re-articulando materias – 107 tacitas y que a través de esa imaginería también articula con una temporalidad de más largo término asociada con la ancestralidad. Retornando a los petroglifos, al comparar los tamaños y profundidades de los distintos tipos de diseño presentes en este conjunto, está claro que son las cabezas los motivos que no sólo implican una mayor inversión laboral, sino que son los que más se profundizan y retoman en relación con las otras imágenes. Esta situación implicaría que entre los mismos diseños se darían variaciones en los ritmos del hacer y de articulación personas/rocas, requiriendo las cabezas no sólo más tiempo para su manufactura, sino también una acción más recurrente a través del tiempo, permitiendo con ello que la práctica y experiencia de reactivar los surcos fuese más intensa en comparación a los otros diseños. Comunidad e Historia La aparición de los petroglifos de surco profundo en la región generó una transformación en las lógicas de producción de las comunidades. Por una par- te, ella marca con más fuerza la fragmentación territorial que se comenzaba a reconocer previamente, generando al menos, dos grandes comunidades ru- pestres diferentes entre sí: una de cuencas altas basada en las pinturas y que remite a los principios de tiempo previo y, otra de cuencas baja centrada en la elaboración de estos petroglifos. Esta separación no sólo remite al arte rupes- tre, sino también se replica en los conjuntos cerámicos como lo ha sugerido Pérez (2015). En oposición a esa fragmentación, nuevamente las comunidades de las cuen- cas inferiores se articularon multiescalarmente a través del arte rupestre. Mien- tras todas ellas comparten una lógica de hacer y una visualidad, sus ritmos y fre- cuencias varían entre las distintas cuencas. De esta manera, en estos momentos se continúan ciertas tendencias que hemos reconocido regionalmente en tiempos previos, pero acentuando el eje de variación Este-Oeste. Un cambio radical sí se observa en cómo se constituyen estas comunidades, pues en este momento aparece una referencia recurrente a los cuerpos en el arte rupestre. Si bien consideramos que no se busca construir diferencias sociales, se generan dos ejes discursivos. Por una parte, la centralidad de los ancestros en la conformación de la comunidad y la identidad del grupo social, aspecto que es coherente con los procesos socio-históricos que están ocurriendo. Por otro, la noción del grupo social a partir de un despliegue identitario que viene dado por los tocados cefálicos que comparten cabezas como antropomorfos. A través de ambos elementos el arte rupestre expresamente busca generar un sentido de

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