Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
106 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile tinuaban visibles. Pues bien, para los petroglifos esta lógica se rompe y genera el cambio de ritmo centrado en la profundización de los surcos. De esta manera, los petroglifos ya no cumplen sus capacidades afectivas solamente a través del estar, sino que, por el contrario, requieren ser manipulados y profundizados, sugirien- do de alguna manera que la roca tiene un papel fundamental en este proceso, requiriendo que elementos de ésta se extraigan para mantener sus capacidades afectivas. El ritmo de este hacer arte rupestre se relaciona con los tiempos de per- manencia de esas capacidades afectivas de las imágenes y de la necesidad de cada cierto tiempo re-activarlas a través de la extracción de materia. Es interesante que esta ritmicidad del arte rupestre es opuesta a la que encontramos en las piedras tacitas y la cerámica incisa, donde el acto de extraer materia remitió a un ritmo más recurrente dado el aumento de ambas durante este tiempo (Armstrong y Troncoso 2018, Pino et al. 2018). En tal sentido, las citacionalidades prácticas entre estas materias y sus lugares estuvo mediada por ritmos de hacer diferentes que implicaron temporalidades distintas de articulación práctica entre las perso- nas y las materias. En qué medida estas diferencias den cuenta de un rol secun- dario de los petroglifos con relación a las tacitas en los procesos de producción del paisaje es un aspecto a debatir, pero es interesante el hecho que mientras los petroglifos son escasos, las tacitas son recurrentes en este momento tanto a nivel regional y en las cantidades de oquedades, a la par que aumentan sus tamaños y profundidades (Pino et al. 2018). De ser esto correcto, encontraríamos que, en los procesos de monumentalización y conformación de estos paisajes de tarea, las rocas son un actor central y la práctica de extraer sustancia desde éstas es ex- tremadamente significativa, pero adquiriendo ritmicidades diferentes. A través del acto de sustracción se despliegan también campos relaciones relevantes para la conformación de estas comunidades, pero siempre articulando espacialmente con prácticas y espacios asociados con la vida cotidiana. Por un lado, la sustrac- ción en las tacitas genera un campo de relaciones experienciales y prácticas entre las diferentes personas que muelen, así como entre estas y ciertos recursos vege- tales, los que como hemos visto adquieren una centralidad en la dinámica eco- nómica de estas poblaciones (Pino et al. 2018). Este proceso de moler también genera una temporalidad del hacer particular dada su recurrente ritmicidad. En contraposición, la sustracción rupestre articula a múltiples personas a partir del estar y experienciar, donde posiblemente no todas éstas intervienen en los petro- glifos, pero a través del cual también se despliegan relaciones con un conjunto de narrativas y la ancestralidad. Su baja tasa de producción, pero su recurrente visibilidad en el habitar de ciertos espacios, despliega una ritmicidad específica diferencial que deviene en una temporalidad del arte rupestre diferente a la de las
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