Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Re-ensamblando rocas y re-articulando materias – 105 Grabados, Ritmo y Paisaje Las transformaciones tecnológicas y de las formas de hacer generaron una cier- ta modificación en los ritmos propios del arte rupestre y sus paisajes. Por una parte, la temporalidad rítmica asociada con marcar espacios diferentes en el te- rritorio fue extremadamente baja como lo evidencia el escaso número de sitios y bloques marcados. Esto llevó a que el acto de hacer petroglifos no fuera una práctica que estuviese constantemente inaugurando nuevos lugares en el terri- torio. Por otro, la ritmicidad de la práctica se centró en profundizar surcos de grabados. Como ocurría previamente en la cuenca inferior de nuestra área de estudio, este ritmo no fue reiterativo, ni frecuente, sino más bien escaso dados el bajo número de petroglifos presentes. Por ello, estos ritmos se centraron en unos pocos espacios y de forma bastante descontinuada. Esto generó una tem- poralidad baja en el ritmo del hacer arte rupestre, haciendo del acto de marcar rocas eventos no rutinarios que no se experienciaron recurrentemente en la vida social. Esta baja ritmicidad, sin embargo y a diferencia de las pinturas, sí permi- tió el retoque y reactivado de imágenes. Ambas situaciones, sumado al escaso período de tiempo en que se realizaron estos petroglifos, llevó a que su huella arqueológica fuera ínfima. De la misma manera, la variabilidad en la cantidad de grabados de surco profundo en un eje Norte-Sur sugiere ritmicidades diferentes entre las distintas cuencas, siendo está más intensa en Limarí en comparación a los otros espacios, denotando nuevamente una particularidad en las lógicas prácticas de este hacer. El hecho que estos grabados se ubiquen sólo en las cuencas inferiores y que en las cuencas superiores se mantengan las prácticas de pintado basadas en super- posiciones y con una amplia recurrencia a nivel espacial como intra-sitio, mues- tra cómo sobre los campos de relaciones y narrativas propias a esos artes rupestre, se despliegan también ritmos y temporalidades diferenciales en los procesos de construcción de lugar, paisaje y del arte rupestre. A su vez, el hecho que los sitios de las cuencas inferiores no se asocien a abrigos rocosos vuelve a mantener diso- ciadas las prácticas de marcado de rocas con las capacidades afectivas del fuego y el hollín. Estas transformaciones rítmicas no sólo se relacionan con las temporalida- des que impone la práctica de hacer arte rupestre, sino también con las propieda- des ontológicas de rocas y las lógicas de estas prácticas productivas. Como vimos, en las cuencas inferiores el escaso ritmo de pintar se basaba en las propiedades ontológicas de los pigmentos que implicaban que una vez pintados, ellos no re- querían ser reactualizados para desplegar sus dinámicas afectivas en tanto con-

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