Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
104 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile explícita a nociones de ancestralidad e identidad se vuelven elementos claves de este momento. En ese marco, las diferencias en las lógicas rupestres son también divergencias en las formas de construir estas comunidades, no obstante que en los distintos espacios los ancestros pasen a ser un referente central. Desafortu- nadamente, debido a la escasa muestra con que contamos, no podemos evaluar si se da una variabilidad entre esta idea de ancestros-cabezas y tocados entre las distintas cuencas de la región. Finalmente, dentro de este contexto, la apelación a los ancestros a través de las cabezas tiara es también coherente con su espacialidad y contexto socio-eco- nómico. Al igual que las pinturas, estos grabados se asocian con cursos de agua secundarios en los cuales se reconoce vegetación propicia para la recolección de frutos vegetales como el algarrobo, el que sabemos fue explotado por estas comu- nidades (Pino et al. 2018). Este patrón espacial genera una relación donde la con- fluencia espacial entre agua y cabezas que generan los frutos que se recolectan y, por tanto, posibilitan la reproducción del sistema económico de estas comunida- des. De hecho, en el sitio Valle El Encanto (cuenca de Limarí), que corresponde al más extenso repositorio de petroglifos de surco profundo de la región, el grue- so de las cabezas tiaras se ubican en asociación a la mencionada formación rocosa donde se concentran las pinturas. Esto muestra una continuidad relacional con lo previo, así como la cercanía entre agua y cabezas (Troncoso 2019). De hecho, con las subidas de agua que ocurren en este punto en determinados años, algunas cabezas son cubiertas por el agua, generando un juego de aparición y desapari- ción. Desafortunadamente, la baja muestra de grabados de este momento no nos permite definir si la dinámica descrita para Valle El Encanto se da en el marco de prácticas de agregación social de estas comunidades, como ocurría previamente. La relación que encontramos entre arte rupestre y agua, por tanto, replica el patrón espacial conocido para las pinturas, sin embargo, cambia uno de los ac- tantes de esta relación. Mientras en tiempos previos tal relación estaba asociada con los pigmentos y sus capacidades afectivas, ahora lo es con las cabezas y los tocados, desplazando la capacidad que emana de esa relación espacial desde una materia hacia un tipo de ser. Esto es coherente también con el cambio que hemos reconocido en el valor y propiedades de las materias entre uno y otro momento. En este contexto, los actos continuos de marcar y profundizar estos petrogli- fos son actos que reiteran y profundizan la relación entre los miembros del gru- po, la colectividad y los ancestros, así como las capacidades afectivas y agentivas que tienen estos petroglifos. El carácter productivo y generativo de este hacer, sin embargo, da cuenta de un ritmo particular sobre el que se establece este campo de acción social que discutimos a continuación.
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