Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

102 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile de liderazgos extremadamente efímeros, de difícil identificación arqueológica y que no generan grandes diferencias sociales (Sahlins 1975, Johson y Earle 2010, Eerkens et al. 2010). A la luz de ello, y considerando las discusiones propias a las sociedades for- mativas, nos parece que lo más esperable es que estas cabezas se asocien con la idea de ancestros, situación que es esperable en un contexto de sociedades cada vez menos móviles, con una vida cada vez más centrada en los recursos vegetales y donde se dan cambios en las relaciones con la tierra y su propiedad (Meillasoux 1990). Aunque el poco conocimiento que se tiene sobre las dinámicas políticas de estos grupos no ha permitido evaluar las dinámicas de su organización so- cial, sabemos que son grupos de baja escala, con una movilidad reducida y con manejo de cultígenos como el poroto (Ampuero y Rivera 1971b, Rivera 1995) y posiblemente el maíz (Troncoso et al. 2016, Alfonso et al. 2017), pero que no han adoptado completamente un modo de vida sedentario y agrícola. Ingold (1987), ha propuesto que la adopción del sedentarismo y agricultura es un cam- bio desde un sistema de territorialidad propio de grupos cazadores recolectores que se asocia más bien a la demarcación de líneas y puntos (recursos, rutas y asentamientos), a otro de tenencia, donde las reclamaciones territoriales se en- focan en áreas más que a líneas y puntos. Para Meillasoux (1990), estas legitima- ciones se orientan a la posesión del recurso fundamental para la reproducción socio-económica: los terrenos productivos y sus espacios de asentamiento. Para ello, las comunidades se enraizan a su territorio a partir de los antepasados que construyen una relación entre el presente y el pasado. Nuestros contextos pare- cen sugerir que nos encontramos en una posición intermedia entre uno y otro, en tanto estas comunidades no han dejado de ser del todo móvil, pero no se han constituido como una comunidad eminentemente agrícola y sedentaria (Tron- coso et al. 2016, Alfonso et al. 2017). De hecho, y aunque en las cuencas superiores se continúan realizando pin- turas rupestres, comienzan a aparecer en tales espacios grandes cementerios que sugieren la conformación de espacios públicos relacionados con ancestros. Esta situación es del todo clara para Elqui-Limarí, donde se crean espacios funerarios colectivos que se disponen sobre cumbres de cerro con alta visibilidad de todo su entorno circundante y que son distinguibles dentro del paisaje local (Figura 4.8). Las tumbas se caracterizan por presentar una arquitectura compuesta por ruedos de piedra que las demarcan en superficie y capas estratificadas de piedras y material orgánico que cubren los cuerpos. Estos se encuentran a profundidades de entre 2 y 3 m. Estas tumbas pueden ser simples o colectivas. La cantidad de ruedos marcados en superficie por cementerio puede ir de 1 hasta 45. Los cuer-

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