Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

Re-ensamblando rocas y re-articulando materias – 99 nocen en los sectores inferiores de las cuencas, mientras en las cuencas superiores se continúa realizando pinturas. Esta situación reitera la separación entre cuenca superior e inferior observada previamente, la que ha sido observada también en los patrones de la alfarería (Pérez 2015). Por otro lado, aunque los petroglifos se encuentran en el curso inferior, ellos no se emplazan en la línea litoral, sino en espacios costeros interiores en coherencia con el escaso uso que hacen estas comunidades de la línea de costa (Niemeyer et al. 1989). De esta manera, se generan dos lógicas de arte rupestre que coexisten en el territorio y que articulan con dos estrategias diferentes de estructurar la práctica rupestre. Por un lado, en las cuencas superiores se mantiene las lógicas previas centradas en las pinturas y la construcción de su amplia red de relaciones espa- ciales. Por otro, en las cuencas inferiores las comunidades construyen una nueva red espacial a través de la realización de petroglifos los que mantienen algunos aspectos de las relacionalidades de las pinturas, pero a la par la modifican. Así también, la ausencia de petroglifos en los espacios litorales es coherente con la escasa intensidad de ocupación de la costa por estos grupos, los que se repliegan a los espacios interiores en asociación a una mayor intensidad de las prácticas de recolección de recursos vegetales (Niemeyer et al. 1989, Pino et al. 2018). Al considerar el eje Norte-Sur, se vuelven a replicar las diferencias reconoci- das en las pinturas en términos de intensidad. Los petroglifos de surco profundo son más recurrentes en el sector Norte (Elqui-Limarí) que en el Sur (Combarba- lá-Choapa) y se concentran en Limarí. Esta diferencia se reconoce también otros ámbitos. Por una parte, las piedras tacitas son más recurrentes en Elqui-Limarí que en Combarbalá-Choapa (Iribarren 1973, Pino et al. 2018). Por otra, las pi- pas cerámicas también marcan una separación de la zona Sur con la zona Norte (Planella et al. 2018), algo que ocurre también con los tembetás (González 2018). Estos patrones espaciales muestran que, bajo una supuesta homogeneidad técnica, visual y espacial, se vuelven a segmentar los espacios dentro de la re- gión, fragmentación que en este caso es más notoria en tanto las comunidades de los cursos superiores de las cuencas no realizan estos petroglifos, sino que mantienen sus prácticas de producción de pinturas. Se establece, por tanto, una compleja trama de similitudes y diferencias en los ejes N-S y E-W durante este momento. Por un lado, cuencas inferiores y superiores comparten ciertas prác- ticas y materialidades (cerámica, tembetá), aunque se segregan en otras y en esa separación el arte rupestre tiene un rol central en tanto hay técnicas y formas de abordar la roca distinta en ambos espacios (grabados v/s pinturas). Por otro, en un eje N-S estas diferencias entre cuenca inferior-superior se reproducen, pero a la par la intensidad de las prácticas se modifica, en tanto petroglifos de surco

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