Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

INTRODUCCIÓN – ix INTRODUCCIÓN ¿Qué puede aportar el estudio del arte rupestre a la comprensión de los pro- cesos socio-históricos? Si bien esta pregunta puede parecer extraña, más aún viniendo de un arqueólogo, lo cierto es que, aunque en el campo de la Arqueo- logía suele no haber cuestionamientos sobre el valor de las piezas líticas, las vasi- jas cerámicas, la arquitectura, los restos animales o vegetales para entender estos procesos, cuando hablamos de arte rupestre extrañamente emergen estas preo- cupaciones. Múltiples pueden ser las razones que explican esta situación. Por un lado, el uso de la palabra arte para categorizar a este registro material ha llevado a etiquetar inmediatamente al arte rupestre como una expresión exclusiva de lo simbólico y lo ritual, un ámbito que hasta hace poco se consideraba como no re- levante para entender la “vida real” de la gente, pero también difícil de abordar científicamente, o, en otras palabras, un reino más cercano a las especulaciones que al conocimiento científico “objetivo”. Es así como hace ya medio siglo, C. Hawkes (1954), proponía una escala de interpretación en arqueología, donde el arte y estos “aspectos blandos” de lo social quedaban en un terreno de muy difícil accesibilidad. A la par, la prioridad que entregó la Nueva Arqueología a las dinámicas tecno-económicas y la “cercanía” que presenta esa mirada con nuestro modo de existencia y mundo llevaron a que estas expresiones fueran relegadas a un tercer plano de relevancia y, por ende, de menor relevancia para el entendimiento de los procesos socio-históricos (p.e. Hawkes 1954, Binford 1962, Watson, Redman y Le Blanc 1987). A esta última situación, sin duda la asociación irrestricta a modelos mecanicistas como, por ejemplo, el del chama- nismo (o el arte por el arte) que despojaban de cualquier historicidad al arte rupestre y universalizaban un modelo único para todos los tiempos y espacios (Clottes y Lewis Williams 2001), lo cierto es que poco aportaban a cambiar esta situación. Por otro, la fuerte dependencia de la cronología y la dificultad de datar por métodos absolutos el arte rupestre que ha generado múltiples dificultades para definir su temporalidad. A la par, con la aparición de las dataciones directas de pinturas, pero también con la realización de estudios formales más refinados, se ha encontrado que muchas propuestas cronológicas o estilísticas tenían múlti- ples debilidades y debían ser reevaluadas.

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