Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile

80 – arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de chile conjunto de dataciones absolutas obtenidas tanto de los registros subsuperficiales, como de las pinturas negras y hollín muestran, al menos, una ocupación continua por cerca de 3.000 años, reconociéndose eventos de pintado, al menos, hacia el 3.000 a.C. y 300 a.C., así como coberturas de pinturas por hollín hacia 1700 a.C. y a inicios de la era cristiana. Esta situación muestra no sólo la continuidad del uso de este espacio, sino también de procesos de re-pintado y cobertura de pinturas a lo largo del tiempo (Tabla 3.4). Esta situación se reconoce en otros sitios del inte- rior como Alero Tambo El Pangue 2 y San Pedro Viejo de Pichasca. Por sobre el accionar del hollín, ¿Por qué es necesario volver a pintar las pa- redes de los aleros y mantener visibles las pinturas rupestres? Como hemos men- cionado, consideramos que los pigmentos se constituyen como actantes esencia- les dentro de las prácticas de habitar de las comunidades cazadoras-recolectoras de la región. En ese contexto, habitar espacios residenciales requiere que estén presentes las pinturas y pigmentos dadas sus especiales cualidades y capacidades afectivas dentro de estos contextos. De hecho, la combinación de asociación es- pacial con el agua y presencia de pigmentos en los sitios parece sugerir que ambos elementos actúan para constituir lo que son espacios propicios para habitar, a la par que afectan a tales espacios posibilitando su uso. Una vez pintados estos espacios y manteniéndose las pinturas visibles, ellas despliegan sus capacidades afectivas sobre el sitio y no se hace necesario retocarlas, ni intensificar la prác- tica de pintado. Es por esa razón, por tanto, que en los sitios donde no actúa el hollín las pinturas son escasas tanto a nivel de bloques marcados, como diseños presentes. Ello explica también la ausencia de superposiciones. En oposición, los espacios que se ven afectados por el movimiento del humo y hollín requieren volver a ser intervenidos para que las pinturas sean visibles y puedan desplegar sus capacidades agentivas sobre el sitio. De esta manera, la articulación de las propiedades ontológicas de los pig- mentos, el accionar de humo-hollín y las formas de habitar en el espacio de estos grupos generan una estructuración de prácticas y ritmos de intervención sobre el paisaje que son completamente diferentes, imponiendo una recurrencia y fre- cuencia particular de la práctica de pintar en las tierras altas de Elqui y Limarí. A través de ella, estos grupos experienciaron más recurrentemente la práctica de marcar, pero también hubo una mayor frecuencia del accionar del campo de relaciones que se despliega a través del hacer estas imágenes. La particularidad de este ritmo se hace más notorio al considerar que en Combarbalá y Choapa las pinturas rupestres bajo reparos rocosos no se ven afecta al accionar del hollín, ni a las superposiciones, reiterando la relevancia y capacidades afectivas que posee el hollín, así como la particularidad de las tierras altas de la zona norte. En última

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