Arte rupestre, comunidades e historia en el centro norte de Chile
Pigmentos y una larga tradición de pinturas rupestres – 79 Esta situación es completamente opuesta en las tierras interiores de Elqui y Limarí. En estos espacios, las pinturas son continuamente producidas como lo in- dica la presencia de superposiciones, pero también de un gran número de eventos de pintado (Tablas 3.1 y 3.2). Los grupos de tal lugar despliegan un ritmo diferen- cial en el proceso de hacer, siendo una práctica más recurrentemente experiencia- da y que articula con un despliegue del tiempo a partir de cada acto de pintado que es diferente al de los otros espacios, a la par que el ritmo de transformación de tal paisaje histórico. Tiempo, Historia y pintado por tanto se estructuran de forma diferente en este conjunto de relaciones y lleva a que las posibilidades de experienciar esta práctica de hacer sean también diferentes en el territorio. Estas diferencias rítmicas consideramos que están en directa relación con las formas de habitar de estos grupos y las afecciones que generan otras mate- rias dentro de este proceso de hacer. En efecto, un atributo general que tienen los sitios de tierras interiores de la zona Norte es que ellos son aleros profusa- mente ocupados por los cazadores-recolectores. Entre el conjunto de prácticas y despliegues materiales que estos grupos desarrollaron en tales espacios fue la realización de fogones y quemas, los cuales a través de la combustión emitieron humo y generaron hollín que se depositó en los reparos rocosos. En este proceso de co-habitación de las personas con estos fenómenos y materias, encontramos que humo y hollín comenzaron a tapar las pinturas, invisibilizándolas e impli- cando, por tanto, que los ocupantes de estos sitios tuvieran que volver a realizar intervenciones (Figuras 3.5). De esta manera, humo y hollín afectaron tanto a las pinturas rupestres como a las prácticas humanas, generando la necesidad de re- intevenir estos espacios con el fin de que las pinturas fueran nuevamente visibles en tal espacio de vivienda. Es así como el proceso de habitar este lugar y prender fuego generó toda una secuencia de prácticas y relaciones que llevaron a que los aleros se pintaran, sus paredes se cubrieran con hollín invisibilizando algunas de las pinturas y las personas volvieran a pintar, replicando todo un conjunto de relaciones prácticas, espaciales y materiales a través de todo el proceso de ha- cer y experienciar el arte rupestre. Este conjunto de afecciones e intra-acción entre personas, materias y lugares resultaron en un ritmo diferente al conocido en cualquier otro espacio de la región, haciendo que la práctica de hacer arte rupestre fuera más recurrente a través del tiempo y entregando un movimiento distinto a este proceso histórico. Un ejemplo de esta historicidad del hacer se puede encontrar en Alero Ca- chaco, alero ubicado en la cuenca de Limarí (Hurtado) y donde hemos identifica- do 114 eventos de pintado que están en ocasiones cubiertos por hollín resultante de los fogones de la ocupación residencial de este espacio (Figuras 3.9 y 3.10). El
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