Policy Brief: Productos del mar en la mesa chilena: recomendaciones de políticas públicas para aumentar su consumo en la población
5 La Ley de Pesca chilena favorece en mayor medida a la pesca in- dustrial en detrimento a la pesca artesanal (SERNAPESCA, 2021; Tromben, 2009), lo que se traduce en un menor porcentaje de pesca dirigida a consumo humano directo y, con ello, mayores precios y problemas de disponibilidad y acceso (Villanueva Gar- cía Benítez & Flores Nava, 2016). Este marco regulatorio, que entró en vigor en 1989, se caracteriza por carecer de una pers- pectiva integral que contemple a la pesca desde un enfoque alimentario, de seguridad alimentaria y de salud pública (FAO, 2016). A lo largo de los años, esta legislación ha dejado una marca significativa y desfavorable en las cadenas de suministro, entornos alimentarios y comportamiento de los consumidores hacia los productos del mar. Estas barreras normativas constituyen factores estructurales que pueden ser abordados por políticas públicas integradas, como lo demuestra la experiencia internacional: por ejemplo, cada vez son más los países que están procurando alinear la pesca, la seguridad alimentaria, la nutrición y la salud pública en sus políticas nacionales (Koehn et al., 2022). En las últimas dos décadas, las políticas pesqueras globales que incorporan seguridad alimentaria, nutrición o salud han aumentado en 55 puntos porcentuales. A nivel global, la inclusión de productos del mar en políticas de seguridad alimentaria y nutrición creció en 36 puntos porcentuales (Koehn et al., 2022). Experiencias internacionales muestran que mejorar la disponi- bilidad local de productos del mar requiere fortalecer la pesca artesanal, reducir la intermediación y facilitar canales de dis- tribución directa. En Bangladesh, el impulso a la producción a pequeña escala incrementó el consumo y la calidad de la dieta local (Fiedler et al., 2016). En Estados Unidos, alianzas dentro del sector pesquero permitieron distribuir pescado a bajo costo en comunidades vulnerables mediante soluciones logísticas inno- vadoras (U. S. Government Accountability Office, 2022). En Perú, el programa A Comer Pescado implementó ferias itinerantes y puntos de venta directa como Mi Pescadería, acercando pro- ductos del mar a precios accesibles a la población, reduciendo intermediarios, lo que incrementó consumo y volumen de com- pra (Mesías Changa, 2021). Chile también ha generado iniciativas en esta línea, el “Plan es- tratégico para aumentar el consumo de productos del mar en Chile” del 2017 es evidencia de ello. Los pilares de dicho plan fueron la educación nutricional, la sustentabilidad en la cadena de valor, el marketing y la gastronomía. Si bien no se han en- contrado evaluaciones del impacto de la puesta en marcha de este plan, al menos fue una propuesta intersectorial e integral que contemplaba acciones educativas (individuales) y estructu- rales relacionadas con la producción (SUBPESCA, 2017). Cabe resaltar que este Plan no tuvo continuidad con los cambios gu- bernamentales. De las modificaciones introducidas en la Ley N° 18.892 General de Pesca y Acuicultura, destaca la incorporación del enfoque de género con la Ley N° 21.370. Esta modificación establece la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y muje- res en el sector pesquero y acuícola, eliminando cualquier forma de discriminación de género y garantizando el derecho de las mujeres a una participación plena en los ámbitos cultural, polí- tico, económico y social en dicho sector. Sector salud Actualmente, las políticas en salud en Chile están orientadas a fomentar el consumo de pescado adecuado y seguro. Las GABA destacan su importancia como fuente de proteínas y ácidos Fotografía: “Actores y etapas de las cadenas de valor de la pesca artesanal en Perú” por FAOAmericas
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