Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Bianchi, Cruz Montt, González Cortés, Knocaet, Larraín Bravo, Machicao, Monckeberg y Sotomayor, entre muchos. Teniendo como norte estos principios artísticos y rompiendo, en cierto modo, el damero convencional, todos ellos construyeron pequeñas comunida- des urbanas. A modo de ejemplo, dos conjuntos próximos a la AJameda dan cuenta de una inflexión en el trazado: Concha y Toro, en la banda norte; París y Londres, en la banda sur, a un costado de la iglesia San Francisco. El urbanista austriaco Karl Brunner, contratado en 1928 por el gobierno chileno para que reformulara las bases del Plan Regulador de Santiago, apunta, en su libro Santiago, su estado actual y futura formación, lo siguiente: En ciudades con trazado esquemático rectangular, hay que aprovechar esta circunstancia para introducir calles oblicuas que unen distintas calles, facilitan el cambio de dirección y ayudan a la orientación 64 • Influenciado por las ideas barrocas en su trazado urbano, Brunner las hizo propias para luego transferirlas a la realidad chilena. Un trazado que, hasta cierto punto, había modificado las tramas medievales de su Viena natal, así como la de París y otras capitales de Europa. De hecho, una buen parte de los rasgos fundamentales de la ciudad europea y de sus edificios más importantes datan del periodo barroco, que fue tributario de los cánones artísticos de la ciudad renacentista. Baste recordar que León Bautista AJberti (1404-1472), en su obra De Re Aedificatoria, planteaba que las calles principales debían ser anchas, rectas y flanqueadas, ojalá, por edificios de altura homogénea. El boulevard, que alcanzó su apogeo en París en tiempos de Eugene Haussman, a mediados del siglo XIX, fue introducido en Santiago por Benjamín Vicuña Mackenna, cuando impulsó, en 1872, la Ley de transformación de la capital. Sin embargo, el modelo logró su esplendor con la aprobación del proyecto del Barrio Cívico mediante la Ley 4.828 del 11 de febrero de 1930. Las normas definitorias fueron aprobadas por decreto 3.424 del 27 de agosto de 1937. En la edición extraordinaria de diciembre de 1937, se lee en la Revista Zig-Zag: La perspectiva del barrio cívico observa- da hacia el norte posee una indiscutible severidad y pureza de líneas. El viejo Palacio de la Moneda emerge al centro como una reliquia del viejo tiempo pasado y como un centro desde donde irradiará hacia el país entero -a través de los mecanismos complejos y eficientes de la administración moderna- un buen sentido de estabilidad y de sobrio mandato 65 . El periodo republicano se manifestó en la profusión de residencias de grandes dimen- siones en la Alameda de la Delicias y en las principales calles del centro. Avenida España y República, que conectaban la Alameda con el Club Hípico, conformaban un elegante sector residencial. Santiago se empeñaba en parecerse a París. Por ejemplo, en 1878, el arquitecto francés Paul Lathoud, afincado en Chile, construyó el Palacio Cousiño en ple- na calle Dieciocho, introduciendo el concepto de mansión aislada, con extensos jardines en torno a ella. La tan variada expresión arquitectónica obedecía a la imitación de los modelos de viviendas inglesas y francesas de comienzos del siglo XIX, contenidos en los catálogos que circulaban en la época. Este completo inventario de formas permití3 satisfacer, en su momento, el gusto de los usuarios más exigentes. 64 Karl H. Brunner Lehenstein, Sanriago de Chile: la Cit1dad i\ifodema, su estado actual y fe tura fonnación, Imprenta La Tracción, Santiago, 1932. •s Revista Zig-Zag, Edición Extraordinaria, Santiago, diciembre de 1937. 96

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