Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Además de los terremotos, las crecidas del río Mapocho se sucedieron periódica- mente: 1541, 1575, 1647, 1678 . El modelo siempre se repetía en el trapecio com- prendido entre el río y La Cañada, el cerro Santa Lucía y la actual Avenida Brasil. Si se acepta como documento veraz el plano de Thayer Ojeda, Santiago contaba con una superficie de 126 manzanas, con 6 calles en sentido oriente-poniente y 15 o 16 con orientación norte-sur. La Plaza de Armas siempre fue el origen y núcleo del trazado. En su contorno se localizaban las principales actividades. Entre los colonizadores y personajes de mayor rango se repartían los solares centra- les, en tanto los del perímetro se otorgaban a los de menor categoría social. Se configu- raba, así, desde el comienzo, una estructura jerárquica que se expresaba en los valores del suelo y en una marcada segregación social. La Corona Española se esmeró en consolidar la severa regularidad de la cuadrícula y apenas se advierten cambios entre los siglos XVI y XVIII en los territorios conquistados y pacificados a través de América 59 . A pesar de la terca persistencia de las huellas occidentales -el castrum romano y las murallas medievales- el trazado, a través del tiempo, sufrió algunas modificaciones, sugeridas por la práctica. De algún modo, América se convirtió en un campo de expe- rimentación en el cual se procuraba superar los problemas observados en los esquemas fundaciona les europeos 6 º. Nuevas redes de circulación Aunque el tejido de la ciudad no manifestó decisivas alteraciones, la arquitectura declara- ba su vocación por un eclecticismo cuyo repertorio morfológico y decorativo se nutría de balcones, de techos amansardados, de pórticos y escaleras incorporados por los arquit ec- tos franceses e italianos arraigados en Chile. En uno de sus artículos, el arquitecto Sergio Larraín Bravo reconoce que los cambios aparentes -más bien cosméticos- no modifican las leyes sustantivas de los edificios: Esta nueva época, que nos ha legado tantos edificios afectados y pretenciosos, pedan- tes y académicos, que llenan actualmente nuestras edades y que parecen, a primera vist a, tan diferentes a los de nuestra arquitectura colonial, no modificó, sin embargo, lo esencial de esa arquitectura . Siendo generada por aficionados y no por arquitectos, cambió solo el aspecto exterior, conservando las casas su plano y estructura tradicio- nales. Esos aficionados fueron nuestros antepasados, nuestros dirigentes, los hombres ricos del siglo XVIII y XIX... 61 Mientras Vicuña Mackenna estuvo a cargo del Plan de Transformación de Santiago se empeñó en implantar un modelo nuevo, europeizando a marcha forzada la tradicional s 9 Jaime Matas Colom, op. cit, p. 32. 60 Jaime Matas Colom, Las plazasde Santiago, Ediciones Universidad Católica de Santiago de Chile, Santiago, 1983, p. 30. 61 Revista Zíg-Zag, Edición Extraordinaria, Santiago, diciembre de 1937, p. 39. 94

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=