Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
cia la periferia, que significó la pérdida de fértiles suelos agrícolas. La extensión de la urbe trajo consigo, adicionalmente, la contaminación que derivó de la intensificación irracional del transporte público 43 . Es un hecho que el mayor crecimiento poblacional se produjo en la primera mitad del siglo XX. En efecto, en 1940, con poco más de un millón de habitantes, el casco central absorbía las migraciones del campo. La expectativa de una fuente laboral atra- jo un sinnúmero de familias que se ilusionaron con un definitivo vuelco en sus vidas. Por ese entonces el anillo que rodeaba el centro administrativo y comercial tenía un marcado carácter residencial. Sin embargo, la degradación, que ya iniciaba su marcha, empujó a sus ocupantes a buscar refugio en viviendas alejadas del núcleo original. Las antiguas casas de uno o dos pisos acogían locales comerciales de segundo orden; el centro comenzaba a perder densidad, derrochando gran parte de la preciosa superficie del casco antiguo. Los censos revelan que en 30 años (de 1952 a 1982) el centro de Santiago vio mer- mar su población de 666.000 a 480.000 habitantes (la tendencia se ha revertido con dificultad, pese a los recientes intentos de repoblar el núcleo más antiguo, dotado de excelente infraestructura vial y sanitaria). Las grandes casonas se subdividían para ser alquiladas por piezas; en los patios inte- riores se levantaron construcciones de precaria factura. Arrendatarios y subarrendatarios dominaban el centro, lo que trajo consigo una falta de compromiso con el barrio y un manifiesto desinterés por su adecuada manutención. La invasión del automóvil, a contar de 1960, vino aparejada con la necesidad de los aparcamientos. Proliferaron, como consecuencia, los terrenos eriazos con ese propósito. La ciudad se llenaba de caries que atentaban contra la continuidad del tejido. Al éxodo del centro contribuyeron las tomas de terrenoque se llevaron acabo en el sector sur de Santiago, próximo a vertederos y acequias. Otro factor que estimuló el traslado a la periferia derivó del empeño del gobierno por convertir en propietarios a quienes acepta- ban incorporarse a los programas habitacionales localizados en lasmárgenes de la ciudad 44 • Cuando sobrevino el terremoto de 1985 la degradación se agudizó dramáticamen- t e: se multiplicaron los terrenos baldíos -más de 130 hectáreas en 1988- a causa de los derrumbes; muchas de las viviendas antiguas que permanecieron en pie sufrieron severos daños 45 . El camino de la recuperación de áreas consolidadas exige una postura diferente a aquella que se adoptaría en una zona despejada, sin historia, sin habitantes. Una posible tentación es dejarse llevar por la nostalgia y procurar una restauración museística de la ciudad, con el afán de regresar al pasado. La otra tentación, aún más perniciosa que la primera, dado su carácter irreversible, es la de arrasar con todo lo existent e para hacer una propuesta innovadora, con la consigna de obtener una rentabilidad máxima. • 3 Miguel Lawner, La Remodelación del Cemro de Santiago, Tall er de Vivienda Social (TVS), Santiago, septiembre de 1990, p. 19 . 44 Miguel Lawner, óp. cit., p. 21 . ' 5 La Comuna de Santiago: vivir el centro y el derecho de quedarse. Diagnóstico de la Comuna de Santiago, rea lizado por Taller Norte en 1987-88, Resumen publicado en Hechos Urbanos Nº 7, septi embre de 1988, p. 12. 89
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