Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

La llegada de arquitectos extranjeros que provenían del ambiente europeo, a media- dos del siglo XIX, permitió la producción de obras de valor; se destacaron, sobre todo, en algunas residencias del barrio central y en unos cuantos edificios públicos. Las tendencias francesas e italianas se manifestaban sobriamente, armonizando con el carácter señorial de las grandes casas. En general, se mantuvo la estructura de la casa chilena, y se le exor- naba con pórticos, balcones, pilares de esquina, pilastras adosadas. La decoración era, por cierto, más rica y variada. En ocasiones se innovaba, también, en la distribución del programa interior. Hasta cierto punto, las investigaciones sobre arquitectura se encontraban en un esta- do de sopor. Se seguía considerando a la arquitectura como un agregado de orden deco- rativo, supeditado a la ingeniería, ignorando las lecciones del pasado. La arquitectura de imitación siguió campeando hasta muy avanzado el siglo XX. La ciudad se sembró de pastiches, sin mayores escrúpulos. El repertorio de estilos invadió el centro de Santiago. Con indiferencia por el material básico -adobe, ladrillo u hormigón ar- mado-, las edificaciones se revestían con estucos en que se imitaba el mármol o la piedra. 40 En Santiago la arquitectura no era sino el eco tardío del mismo fenómeno que antes ocurrió en Europa. Se buscaban fórmulas nuevas para expresar lo que el romanticismo y el neoclasicismo no lograban interpretar exitosamente. Lo que falta en esa imagen sintéti- ca, /,o que cambia de una exposición a otra, es el entorno. Para 191 O, aunque no estén dentro de la foto ya están vívos los ideales socialdemócratas que darán forma al Chile del sig/,o XX, los que dejarán atrás el Santiago afrancesado 41 . El desarrollo de la técnica y el empleo del concreto armado, que llevaba las posi- bilidades constructivas a límites hasta entonces desconocidos, permitieron la aparición de edificios robustos y de mayor altura, aun cuando estuvieran lejos del arraigo y de la idiosincrasia chilenos. En la cara opuesta, las viviendas precarias, que establecían el contraste brutal de dos realidades opuestas. A la sensación de crisis la acompaña, por cierto, un sentimiento super- ficial de excitación, arrogancia y "joie de vivre" que esconde profundas frustraciones y auto- cuestionamiento. Evidentemente, modelos europeos de fin de sig/,o -que revelan más o menos el mismo efecto de esquizofrenia suicida- prestan apoyo estético a este sentimiento 42 . LAS RAZONES DEL ÉXODO Santiago no escapa al común de las ciudades iberoamericanas que lucha por recuperar su centro histórico. Hace más de medio siglo que las autoridades políticas buscan fórmulas para una revitalización que no llega. Es probable que las medidas adoptadas hayan sido muy tímidas, pues en ningún caso han conseguido paliar el desmesurado crecimiento ha- 4 0 Armando de Ramón, Patricio Gross y Enrique Vial, óp. cit., p. 144. 41 Miguel Laborde, El palacio y el conventillo, en "Santiago Centro, un siglo de transformaciones", Ilustre Municipalidad de Santiago, Dirección de Obras Municipales, Santiago, 2006, p.14 . 42 Alfredo Jocelyn-Holt, El peso de la noche. Nuestra frágil fortaleza histórica, Editorial Planeta Chilena, Sección Chilena, Biblioteca Nacional, Santiago, 1998, p. 139. 88

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