Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Otra poderosa crecida, en 1581, arrasó con las casas de la antigua Cañadilla, derri- bando, de paso, tapiales, molinos y acequias de La Chimba. Para entonces el Cabildo ya había adoptado la decisión de construir defensas ribereñas. Sin embargo, los proyectos no llegaron a materializarse. Solamente en 1609, después de una catastrófica inundación, el Cabildo encomendó al agrimensor Ginés de Lillo la construcción de tajamares, que consistieron en un mura- llón que se extendía desde la confluencia de los brazos del río, al oriente del cerro -actual Plaza Baquedano- hasta la Cañadilla. Estos tajamares, que tuvieron una vida útil de me- dio siglo, fueron sustituidos por los que se completaron en 1678. Estos nuevos tajamares contuvieron la furia del Mapocho por un periodo de setenta años, pero el aluvión de 1748 los derribó nuevamente. Un año después el presidente Ortiz de Rosas ordenó construir un tajamar, hasta Re- coleta. En 1683 se iniciaron los trabajos de prolongación hacia el poniente. Entre los años 1762 y 1782 el Corregidor Manuel Zañartu debió reconstruir este último tramo, después de un nuevo desastre. Se superaron los tristes recuerdos del aluvión, pero siguieron postergados los estudios que el ingeniero Badarán realizó por encargo del presidente Ambrosio de Benavides. Tuvo que ser el arquitecto Joaquín Toesca quien reanudara la iniciativa, alentado por Ambrosio O'Higgins. Se valió, para ello, de los mismos planos elaborados por Badarán, imprimiéndole a la obra características excepcionales: mejoró la técnica constructiva em- pleando piedra canteada y ladrillo, profundizó los cimientos y delineó la traza, utilizando rebordes curvos para mayor resistencia al empuje de las aguas. Los tajamares fueron terminados prácticamente al finalizar el periodo colonial y se mantuvieron en su lugar hasta 1930. Ese año se realizó la canalización definitiva. Su extensión llegaba desde la llamada Quinta Bella, en el inicio de la Avenida Providencia, hasta el Puente de Cal y Canto. EL PESO DE LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Se ha sostenido que hacia el oriente la ciudad limitaba, a fines del siglo XVI, con la actual calle Miraflores. Todo el cuadrante situado al oriente de San Antonio y al sur de Huér- fanos comenzó a ser ocupado solo a partir de 1566, dadas las desfavorables condiciones topográficas del área. La superficie basal del cerro debió ser, por lo menos, el doble de la actual; pero tres siglos de explotación de canteras la redujeron a la condición que luce hoy. El plano de Frézier, de 1712, y el de Sobreviela, de 1793, dan cuenta fiel de la situa- ción urbana del sector. Durante el siglo XVII el crecimiento t erritorial de la ciudad había sido lento, de modo que los umbrales determinados por el río y La Cañada no lograron ser sobrepasados. Hacia el poniente se seguían ocupando las chácaras, si bien nunca se alcanzó el límite impuesto por La Cañada de García de Cáceres. Se verifica la tesis de Malisz: la existencia de factores limitantes conduce a la intensi- ficación del uso del suelo y a la densificación residencial. 27 27 R • M • • • 28 ene artrnez, op. cit, p. . 82

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