Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

en el territorio. O la naturaleza, con sus rezongos periódicos. O el propio hombre, con sus sucesivos acomodos en la ciudad 23 . La ausencia de antecedentes ciertos acerca de la planta primitiva de Santiago impide precisar el área que la definía. Thayer Ojeda 24 concluye que se trataba de una suerte de trapecio cuyos lados paralelos debían t ener, en extensión, unas diez cuadras por el lado poniente y cinco por el oriente, separados entre sí por media legua. Sin embargo, la con- fusión persiste: el propio plano de Thayer Ojeda lo contradice. Y es que una revisión prolija del plano de Thayer Ojeda induce a pensar que la p lant a primitiva pudiera haberse extendido, como máximo, entre Santo Domingo y Agustinas, Mac !ver y Bandera, con un total de 16 manzanas. Esta presunción se basa en lo siguiente: todas las concesiones de solares, hasta 1552, se encontraban dentro de estos límites. Hay otro antecedente que refuerza la hipótesis de que la traza primitiva no pudo pasar las fronteras señaladas: en 1554 existían solo dos solares asignados al poniente de la calle Bandera, en el lugar del ex Congreso Nacional; cabe agregar que el cuadrante situa- do al oriente de la actual calle San Antonio y al sur del calle Merced, solo fue ocupado a contar de 1563. Observando el plano de Frézier, de 1712, Vicuña Mackenna se inclina a pensar que la superficie debió estar bordeada por las calles Miraflores, Teatinos, Santo Domingo y Alameda 25 . Muy temprano, apenas iniciada la conquista, se estableció una clara diferenciación entre el terreno urbano y el terreno agrícola. Fuera de estos límites, los suelos eran de- finiti vamente rurales. La propiedad estaba ligada a la condición de vecino y, por ende, constit uía una suerte de requisito para la participación en los asuntos públicos: disponer de un solar en la ciudad y chácara en el campo equivalía a contar con ciudadanía urbana, lo que ofrecía la posibilidad de participar en los asuntos públicos, de acuerdo con las tradiciones seculares. Los tajamares El primer gran aluvión se produjo en 1544. Pedro de Valdivia, en carta al rey de España, lo registró de esta manera: En junio adelante, que es el riñón del invierno, le hizo tan grande y desaforado de lluvias y tempestades, que fue cosa monstruosa, que como es toda esta tierra llana, pensamos de nos anegar... 26 . Treinta años más tarde se produjo un fenómeno de similar magnitud: el Mapocho experimentó una violenta crecida, inundando calles y destruyendo edificios. 23 Boleslaw Malisz, Notas sobre la teoría de los umbrales, en Cuadenws de la Sociedad Venezolana de Planificación, 80- 8 1, Caracas, 1970, p. 13. 24 Luis Thayer Ojeda, Apuntes geneal.ógicos relativos a familias chilenas, Santiago, 191 1, p. 119. z, Tomás Thayer Ojeda, Santiago durante el siglo XVI: constitución de la propiedad urbana y noticias biográficas de sus primeros pobladores, Imprenta Cervantes, Santiago, 1905, p. 94. 26 Ricardo A. Latcham, Estampas del Nuevo Extremo: Antología de Santiago, 154 1-194 1, Sección Chilena, Biblioteca Nacional, Santiago, 1941, p. 312. 81

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