Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
ley sin concesiones: construcción baja, de agrupación continua, con vacíos interiores para acoger la vida privada. Pero el hormigón armado consigue que la ciudad comience a cambiar paulatinamen- te su rostro. Y en este proceso dialéctico que se produce entre manzana y arquitectura, ya no es la manzana la que impone sus términos; es la arquitectura la que establece una nueva operación formal. Degradación del centro histórico Cuando Santiago contaba con 350 mil habitantes, en 191O, el diario El Mercurio publica- ba una descarnada descripción: En Santiago cien mil personas que viven en un ambiente deletéreo, en medio de miasmas ponzoñosas, respirando aires impuros y sufriendo la influencia y el contagio de infecciones y epidemias. Cien mil personas que viven en habitaciones como in- mundas mazmorras, estrechas, oscuras, sin ventilación, en que el organismo se atrofia y degenera. Cien mil personas que viven, en término medio, de a cuatro por pieza en 25 mil habitaciones, contándose a veces hasta 8 individuos en cada una. Cien mil personas que viven en el hacinamiento y la promiscuidad más espantosa. Cien mil personas para quienes la santa palabra hogar es una expresión vaga o sin sentido 33 . Los primeros síntomas de deterioro del casco histórico central se hicieron manifiestos en la década 1930-1940, cuando los grupos de altos ingresos decidieron emigrar hacia el sec- tor oriente, ilusionados por la idea de ser parte de la nueva ciudad-jardín. Coincidía con el incipiente desarrollo económico que convirtió a la oligarquía agraria en la emergente burguesía industrial y financiera de Chile. El desarrollo de estas nuevas zonas residenciales estimuló el uso del automóvil y de los sistemas de transporte público a tracción eléctrica. En 1940, contando ya con un millón de habitantes, la ciudad comenzó a experimen- tar las presiones demográficas originadas por el aumento de la tasa de crecimiento natural de la población y, también, por el fenómeno de las migraciones desde el campo. El casco histórico central fue el destino natural para estas familias campesinas, atraídas por su localización estratégica, próxima a posibles fuentes de empleo formal o informal. Con- forme se densificaba, el comercio se intensificó. En el censo de 1940 la antigua comuna de Santiago registró 639.000 habitantes: el doble de los que tenía cuarenta años antes. Se intensificó, a partir de entonces, la rehabilitación de aquellas casonas antiguas que habían sido abandonadas por sus propietarios: se adaptaron para ser alquiladas por habi- taciones. Como una manera de aumentar la densidad se edificaron los patios interiores con construcciones precarias, degradando radicalmente el ambiente. Este fenómeno dio origen a una compleja red de arrendatarios y subarrendatarios, que alquilaban fragmen- tos del inmueble a un propietario que normalmente no residía en el área. 33 Miguel L awner , La remodelación del centro de Santiago, Edici ones Taller d e Vivienda Social (TVS), Santiago, sept i e mbre de 1 990, p . 1 9. 67
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