Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Las edificaciones, con algunas variantes, se acomodan a un patrón común. La sucesión de viviendas en retahíla, conformando un cinturón compacto en cada una de las manza- nas, solo en particulares situaciones da cabida a alguna casa de mayor rango y decoración más elaborada, produciendo sutiles discontinuidades formales. Son precisamente esas casas -a veces los edificios de carácter público en las márgenes de la plaza- los que señalan ciertas inflexiones en la regularidad casi militar de las facha- das. Téngase en cuenta que las limitaciones materiales y técnicas inhibían la posibilidad de intentar algún desborde creativo. Las primeras mutaciones de la ciudad obedecían a imperativos dictados por la natu- raleza. Los cíclicos movimientos telúricos se encargaban de recordar la fragilidad de las construcciones. En otras oportunidades, las modificaciones provenían de la voluntad de las autoridades, cuando había demanda de más espacio para nuevas funciones. Pese a los cambios, las constantes persisten. El modelo urbano fundacional no se des- compone. Lo que ocurre, a menudo, es que a los edificios o casas de mayor rango se les enriquece con un repertorio formal más elaborado. En algunos casos se trata de elemen- tos adjetivos antes que esenciales. El conocimiento de la realidad, de los materiales y de las técnicas constructivas loca- les contribuyó a perfeccionar sucesivamente las versiones precedentes. No es extraño, entonces, que después de cuatro siglos y medio el núcleo primitivo de la capital de Chile siga siendo reconocible. Y es que el patrón compositivo y el carácter representacional de sus edificios emblemáticos se mantiene inalterable. Una plausible explicación de ese aserto es la poderosa ligazón que existe entre las construcciones y los principios, normas y criterios formales o legales, que fueron establecidos en el periodo fundacional y colonial. Las etapas siguientes no se apartaron de esta misma lógica: se sometieron a los cánones que garantizaban un orden y un sello particular. De allí que, en general - y aceptando las excepciones propias de toda regla- las intervenciones posterio- res nunca se apartaron de los referentes originales. A partir de sus orígenes la matriz cuadricular se ha mantenido inalterable hasta la fecha. La manzana regular, como relleno, se manifiesta morfológica y funcionalmente de manera diferencial según su localización, rol y significado 30 . Las tipologías edificatorias que se privilegian en la manzana central responden a su calidad de arquitectura pública o privada, cuyos procesos paralelos prevalecen hasta el día de hoy. Y aunque no en la definición del damero, las modificaciones experimentadas por el cuerpo arquitectónico, obedeciendo a pautas culturales de diferentes épocas y estilos, han gravitado en el sentido espacial de la estructura urbana 31 . En general, la trama inicial de la ciudad condicionó su arquitectura. Efectivamente, desde mediados del siglo XVI hasta el último cuarto del siglo XIX - algo más de trescientos años-, el orden regular de la ciudad permitía armonizar con naturalidad la arquitectura religiosa, militar o civil, tanto pública como privada. Y todas las diferencias de escala, 30 José Rosas Vera, Manzana y tipo edificatorio en transfonnación: el centro de Santiago y las constantes de la ciudad hispanoamericana, Tesis Doctoral, Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, Barcelona, 1986, p. 30. 31 Armando de Ramón, Patricio G ross y Enrique Vial, Imagen ambiental de Santiago, 1880-1930, Santi ago, 1984, Ediciones Universidad Católica de Chile, 1984, p. 74. 65

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