Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
Acto continuo se procedió a generar programas de concertación entre el sector pú- blico y el sector privado: el primero, proveyendo de espacios urbanizados; el segundo, abocado a la construcción de viviendas. También se recuperaron espacios públicos hasta entonces ocupados por ferias libres. Previo acuerdo con los comerciantes, las ferias se instalaron en solares eriazos, lo que permitió poner en marcha el programa de recuperación de plazas y paseos. El problema del transporte, asociado a las medidas de restricción vehicular, fue moti- vo de diversos programas. El Plan Transmilenio, por ejemplo, consistió en la reconversión de las empresas privadas de transporte de pasajeros en una empresa mixta: un tren me- tropolitano de superficie, con infraestructura y características más modernas y eficientes definidas por el Estado. También se habilitó una red de ciclovías, que se espera absorba, en el futuro, una porción considerable de los viajes de la ciudad. En suma, la lección que deja Bogotá es su plan rector. Nada más y nada menos que un plan pragmático, claro, con metas y plazos definidos, así como la conjunción de los diversos actores de la sociedad. De Colombia también merece la pena que se destaque Cartagena de Indias. Se trata de una de las urbes coloniales más cautivantes de América, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aun cuando el auge turístico ha sido explosivo -durante el año 2013 el número de visitantes extranjeros se incremento en un 11,7% con respecto al año anterior- se ha logrado defender de la especulación inmobiliaria el tradicional barrio de Getsemaní. Como pocas urbes, Cartagena de Indias ha conservado parte de su casco histórico amurallado. La Oficina de Patrimonio de Cartagena, creada en 2004, vela por la conser- vación del centro histórico y la restauración de sus mejores exponentes arquit ectónicos, consciente de la paulatina pérdida de su capital cultural: de los once kilómetros de anti- guas murallas defensivas hoy no quedan más de cuatro y medio. El peligro es inminente: la creciente plusvalía de los terrenos del núcleo céntrico ha terminado por expulsar a los antiguos habitantes, dando paso a comerciantes e inversionistas extranjeros que se han ido apropiando de sus rincones de mayor interés. Santiago de Chile Es un hecho cierto que a partir de la fundación de Santiago se inicia una etapa nueva en el escenario de sus habitantes. La presencia española deja su impronta a partir del tra- zado de la ciudad, que se expresa en un cartesiano diseño de manzanas cuadrangulares. Desde el propio núcleo -la inevitable plaza germinal- se va perfilando progresivament e un modo de construir que define una particular organización predial y una red viaria que sugiere orden y eficiencia. De este esquema deriva una concepción espacial con pocos alardes, que se manifiesta en una composición de volúmenes austeros, de un piso de al- tura, que bordean las manzanas en tomo a la plaza. El caso de Santiago no escapa a la lógica de la mayoría de las ciudades hispanoa- mericanas que nacieron en esa misma época y que son la síntesis de lo que, a su vez, los conquistadores hicieron de sus propias ciudades a los largo de varios siglos de vida. La herencia urbanística del trazado en damero es, pues, común a todas las ciudades nacientes. 64
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