Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

área de influencia: El tratamiento del Centro Histórico exige, por lo tanto, que el planeamien- to se extienda más allá de sus propios límites y abarque todo ese ámbito distrital y se inscriba en una imagen metropolitana para el largo y también para el mediano plazo 26 . El Plan Maestro del Centro Histórico de Lima definió, de esta manera, áreas de tratamiento, algunas de las cuales son zonas de renovación urbana, integrando dos elementos fundamentales a la imagen y al desarrollo futuro de la ciudad: el Centro Histórico y el río Rimac. Esto conllevó la definición de subcentros de actividades es- pecializadas: financiera, institucional, cultural, turístico-gastronómica, comercial, re- creativo-ambiental y paisajística. También se diseñaron planes de reestructuración del sistema de transporte y se incorporaron medidas tendientes a mejorar las condiciones de seguridad ciudadana 27 . Bogotá El caso de Bogotá tiene un alcance nacional. Hasta 1986 la capital colombiana -así como los municipios de su región- estaba a cargo de un alcalde designado directamente por el Gobierno. Esta situación producía una rotativa de autoridades con una frecuencia de nueve meses, que contribuía a la descoordinación generalizada y a la creciente pobreza de los ciudadanos. No había forma de integrar la acción de las empresas de servicios urbanos con los programas y ejecutores de viviendas ni con las empresas de transporte intraurbano de pasajeros 28 . A partir de 1986 se pusieron en marcha unas cuantas iniciativas que buscaban situar al municipio en el centro del desarrollo local, otorgándole, para ello, ciertas atribuciones y mecanismos de financiamiento. Tres fueron las medidas importantes: primero, se esta- bleció el Estatuto Orgánico de Bogotá, que le dio mayor autonomía a la urbe para definir tributos, manejar su industria y su comercio; segundo, se diferenciaron los roles del Poder Ejecutivo (el Alcalde) y del Poder Legislativo (el Concejo Municipal), poderes que hasta la fecha ejercían un auténtico cogobierno; por último, se obligó a los alcaldes a que defi- nieran, en el momento de asumir, un Plan de Desarrollo, un Plan de Ordenamiento y una secuencia de los proyectos prioritarios que habrían de desarrollar. El efecto del cambio de modelo significó una racionalización del gasto público muni- cipal, lo que redundó en un incremento de los niveles de satisfacción de la población en áreas tales como los servicios urbanos y las prestaciones sociales. La participación ciudadana permitió que, a contar de 1996, se comenzara el plan de ordenamiento de Bogotá. Cuatro años más tarde y, como primera medida, se integraban, por fin, elementos naturales tan determinantes para el desarrollo urbano como el río Bo- gotá, sus afluentes y el entorno de cerros circundantes 29 . 26 Ruiz de Somocurcio, La ciudad posible. Lima. Patrimonio Culwral de la Humanidad, 1999, p. 74. 27 Maria del Pilar Te l10, óp. cit., pp. 75-1 66. 28 Carolina Barco de Botero, Bogotá-Sabana: un territorio posible, en "Directorio de Obras del Bicentenario 2003", Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico, CEDE, Facultad de Economía, Universidad de los Andes, Cámara de Comercio de Bogotá, Bogotá, 2003, p. 94. 29 María del Pilar Te l10, óp. cit. , p. 101 . 63

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