Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Aun cuando la acción rehabilitadora de la edificación histórica ha resultado cuantita- tivamente efectiva, no cabe duda de que la urgencia por poner en marcha los programas de restauración y reciclaje ha obligado a enfrentar los trabajos de intervención sin sufi- ciente maduración. Con todo, el casco histórico de Salvador de Bahía sigue en la búsqueda de nuevas opciones. Santo Domingo La Oficina de Conservación del Patrimonio en Santo Domingo (República Dominicana), emprendió una experiencia similar cuando decidió rehabilitar su núcleo histórico. Se tra- taba de reconstruir la ciudad colonial del siglo XVII, aplicando estrictamente las normas de conservación. Se utilizó, para la operación, buena parte de los fondos de inversión pública en infraestructura y restauración de edificios. Pero la creación de museos de primera categoría y la restauración de edificios monu- mentales no ha sido un imán tan poderoso como para atraer la inversión privada que se precisa para diversificar las actividades económicas. Los empresarios estiman que las re- gulaciones son excesivas (restricciones respecto del destino de los edificios y dificultades del acceso vehicular al núcleo colonial) y, consiguientemente, no estimulan el flujo de aportes económicos en la zona. Conspiran, también, contra el desarrollo del proyecto el deficiente suministro de electricidad y el inadecuado sistema de drenaje. El control de los trabajos lo comparten, actualmente, el Patronato, la Oficina de Conservación del Patrimonio y la Municipalidad; el mantenimiento de los edificios y espacios públicos restaurados, por otra parte, está to- talmente en manos del gobierno central, el cual aporta, de manera regular, recursos para cubrir estos gastos. Sin embargo, nada garantiza, en el largo plazo, la sustentabilidad del esfuerzo de conservación ni la distribución equitativa de sus costos entre los beneficia- rios. ¿Cómo mantener, simultáneamente, tantos edificios de valor? Es fundamental, para que el proceso se sustente a sí mismo, el mejoramiento del es- pacio público. El efecto favorable que sobreviene a ese fenómeno es la generación de ex- ternalidades positivas para atraer nuevas actividades económicas a las áreas circundantes. Los desafíos para asegurar el buen estado de conservación de los edificios intervenidos son cada vez más complejos. Y es que estos programas no solo encuentran dificultades para obtener el gran volumen de los recursos públicos requeridos para mantener los si- tios, sino que no contribuyen a revitalizar de forma gravitante la economía de los distritos históricos, condición indispensable para garantizar el éxito de la operación. Las pocas ac- tividades económicas que atrajeron a los empresarios estaban vinculadas con el turismo cultural o la recreación. La intervención pública y las normas de conservación, al final de cuentas, tienden a desplazar la inversión privada. El caso de Salvador de Bahía tiene un matiz de diferencia: las actividades de turismo y recreación desplazaron a los residentes y a los artesanos que vivían y trabajaban en el centro histórico, en detrimento de la diversificación de actividades económicas que se necesita para sustentar el esfuerzo de conservación. Cabe recordar que uno de los pocos casos en que la rehabilitación de un centro histó- rico logró mantener una proporción importante de sus ocupantes originales fue Bolonia, 61

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