Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

en un organismo autofinanciado con personalidad jurídica propia y con facultades para comerciar, importar, tener patrimonio propio y disponer de las construcciones del casco histórico de la ciudad de La Habana 9 . Al año siguiente se erigió la Oficina del Historia- dor en un ente de la nación, que debía responder de sus acciones directamente al Jefe de Estado y al Consejo de Ministros. Se otorgó a dicha entidad un préstamo inicial de un millón de dólares y el usufructo de un impuesto del 5% de las entradas brutas de los ingresos del comercio y las empresas. Las facultades resolutivas permitieron al Historiador emprender aventuras de recu- peración de inmuebles de gran valor, algunas con asociación de empresas privadas avecin- dadas en la isla; otras, con organismos de cooperación internacional. Se permitió, además, que el organismo encargado de la supervigilancia de los edificios históricos no solo fuera el ejecutor de las acciones de rehabilitación (mediante la creación de empresas subsidia- rias) , sino que pasara a ser, adicionalmente, el principal gestor económico y comercial. Se crearon hermandades y se unió a carpinteros y albañiles de amplia experiencia. Se solicitaron fondos al Banco Español Argentaría, suscribiendo un tratado y creando una oficina: la Oficina del Historiador y Argentaría. Así nació AUREA. Uno de los propósitos centrales de la restauración era crear fuentes de trabajo, en- tendiendo que la restauración de monumentos debe incorporar a la comunidad en todas sus acciones. Más que erradicar a las personas del centro histórico para convertirlo en un lugar de disfrute turístico, se hizo un esfuerzo por crearles puestos de trabajo. En cuatro años se dio empleo a más de 5.000 residentes. Este hecho se confirmó con el posicionamiento del casco histórico de la ciudad como destino turístico. Es decir, las acciones de rehabilitación de la ciudad histórica se financia- ron con las utilidades de un sistema estructurado de manera tal que la provisión de faci- lidades y equipamientos turísticos - conservación de la ciudad histórica incluida- pasaron directa o indirectamente por la Oficina del Historiador de la ciudad, ent e que, a su vez, reinvirtió en mayores o mejores instalaciones para el visitante. Se generó, de esta manera, una cadena de efectos positivos a partir de la explotación del patrimonio. Se comenzó, entonces, con la restauración de la Plaza Vieja, tras el apoyo de UNESCO. La idea de demoler brutalmente con explosivos se trocó por una faena manual, a golpe de piqueta: se juntó, al cabo, un cuarto de millón de metros cúbicos de escombros. Tras muchos meses de intolerable ruido, la ciudad se rehízo. El primer año se generaron 11 millones de dólares; el segundo, 19 y el tercero, 33. El objetivo era salvar el centro his- tórico, sin desalojar a sus habitantes originales. Allí viven, actualmente, más de 70.000 personas. Un producto adicional de ese círculo virtuoso fue la generación de nuevas plazas de empleo, la implementación de programas de educación, de hogares de ancianos y la asistencia a menores de edad 10 . Iniciativas que apuntan a la consecución de un casco histórico vivo, rehabilitado no solo en sus construcciones, sino también en la actividad de sus ocupantes. 9 María del PilarTello, óp. cit., p. 89. 10 En 1996 se estimaba, producto del censo, que en el casco histórico de La Habana res idian 70.600 habitantes. 57

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