Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

La Habana A los efectos de la revolución debe Cuba la singularidad de su experiencia urbana: se ha comenzado de cero, eliminando de plano al especulador inmobiliario privado, hasta entonces protagonista en la planificación de la ciudad. La irrupción de las empresas constructoras como agentes de aniquilamiento, perver- sión o sustitución del tejido histórico derivó, con el tiempo, en el deterioro natural, pro- vocado por la falta de recursos para preservarlo. Súmense a ello las características propias del Estado cubano. La ciudad, fundada el 25 de julio de 1519, había acumulado un extraordinario patri- monio que fue crecientemente amenazado por la invasión inmobiliaria. La Universidad, la última de las grandes universidades españolas en el continente -la de San Jerónimo de La Habana en el Monasterio de Santo Domingo-, fue irracionalmente reemplazada, en pleno corazón de La Habana Vieja, por un terminal de helicópt eros; se demolieron, ade- más, los edificios que rodean la catedral para convertirlos en aparcamientos de automóvi- les. Plazas como la de San Juan de Dios fueron arrasadas completamente para colocar, en el corazón del centro histórico, los primeros rascacielos. Aquel destructivo proceso solo se detuvo a contar de 1960. En este escenario, los criterios de gestión de la preservación del casco histórico de la ciudad de La Habana evolucionaron a lo largo del tiempo 8 . Así, en una primera instancia se puso el acento en la conservación y restauración de edificios históricos, gracias al entusiasta impulso de los especialistas. Este periodo fructi- ficó en el Palacio de Gobierno -antigua Casa de los Capitanes Generales, Gobernadores de Cuba-, edificio que pasó a convertirse en el Museo de la Ciudad de Cuba. Junto a esta iniciativa hay un laborioso proceso de restauración y recuperación de edificios históricos de notable calidad. A partir de 1981, con la declaratoria de la ciudad de La Habana como Patrimonio de la Humanidad, estimulantes vientos de bonanza soplan para la recuperación de la ciudad antigua, pero desde una óptica renovada. La Dirección de Patrimonio Nacional de Cuba puso en marcha el Programa de La Habana y de las restauraciones parciales que había guiado durante largos años. En 1982 la UNESCO orientó la creación del Centro Nacional de Restauración, Conservación y Museología CENREN, un lugar donde se han formado muchos especialistas en la disciplina de la restauración. Entre 1989 y 1990 el país estuvo en una situación crítica. Como para recordar a George Bernard Shaw, que estaba convencido de que "la civilización es una enfermedad producida por la costumbre de construir sociedades con materiales averiados". Tiempo en el que un millón de bicicletas ocupaba La Habana para transportar perso- nas de un sitio a otro, mientras el resto lo hacía a pie. Los apagones y la falta de electrici- dad eran un mal cotidiano. En 1993 se propuso a la Oficina del Historiador -organismo encargado de la protec- ción del patrimonio edificado de la ciudad de La Habana- la posibilidad de constituirse 8 María del Pilar Tello, óp. cit., pp. 86-90. 56

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