Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

que estos asentamientos urbanos de la época colonial pueden ser considerados como un ejemplo típico de la ciudad preindustrial. Esto significa que el estrato alto estaba muy unido a los cargos estratégicos de la administración y de las tareas directrices del ámbito eclesiástico y laico y también se localizaba estrechamente junto al centro de la ciudad, que era el símbolo de poder político y eclesiástico. Aquí se encontraban los elegantes palacios de la nobleza y las viviendas de la burguesía. Hacia la periferia se conformaban los barrios residenciales de los empleados menos privilegiados, de los negociantes y de los artesanos. Los asentamientos urbanos marginales de Latinoamérica revelan, hasta la actualidad, el sello urbano de la época colonial. Desde el punto de vista de la imagen urbana so- bresalen, por encima de las casas con patio -generalmente de un piso-, la catedral y los edificios de gobierno. Asimismo, el gradiente social del centro a la periferia ha variado poco. Pero en los grandes centros urbanos -y de un modo más intenso en las capitales- se ha registrado toda una serie de transformaciones y desplazamientos que influyen en la estructura de esos centros. De las cuatro características principales de la ciudad colonial hispánica, el trazado urbano es el que manifiesta una mayor persistencia. Incluso en los nuevos barrios perifé- ricos se observan solo pequeñas desviaciones del esquema cuadrangular o rectangular de la planta de la ciudad. Cuando la estructura de damero de las calles en la antigua ciudad se volvió demasiado angosta para acoger el intenso tráfico de los tiempos modernos, las calles adoptaron un sentido único de circulación. Posteriormente se trazaron calles dia- gonales. En comparación con el diseño primitivo de la planta, su variación en el perfil resulta mucho más evidente. En la actualidad, la silueta de las grandes metrópolis iberoamerica- nas no está determinada por la catedral y la inevitable edilicia de gobierno, sino por una emergente arquitectura que rompe la escala tradicional. Este desarrollo comenzó hacia fines de la década 1920-1930, cuando surgieron los primeros edificios de altura en las principales ciudades iberoamericanas. El centro de comunicaciones y financiero de la ciudad ha permanecido en las áreas cercanas a la plaza central, pero ya no son exclusivamente servicios de gobierno, de ad- ministración u otras instancias públicas las que contribuyen a que este núcleo central se destaque con nitidez de sus alrededores. El carácter dominante del centro está dado más bien por el incremento constante del comercio y de las actividades terciarias, unido a un espontáneo repliegue de la población residente. La compacta unidad de la ciudad colonial está en completo proceso de disolución. Durante largo tiempo el aumento del número de habitantes no originó una expansión periférica, sino n1ás bien un aumento de la densidad en las superficies ya construidas. Un ejemplo de ello lo constituyen las poblaciones obreras que surgieron a comienzos del pasado siglo al margen del antiguo centro de la ciudad y que, en algunas metrópolis iberoamericanas, se han conservado en parte hasta la actualidad. Por el contrario, el crecimiento poblacional de hoy adopta la forma de las ampliaciones que se derraman por el territorio, enteramente desconectadas del centro. Por este motivo, la periferia de las grandes ciudades muestra una estructura de tipo celular. El movimien- 52

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