Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
Para los primeros inversionistas esta característica del plan fue determinante, por cuanto les garantizó que las futuras inversiones preservarían el valor de los activos inmo- biliarios que estaban en proceso de construcción. La Corporación ayudó a los inversionistas a adquirir lotes del tamaño mínimo reque- rido para asegurar la factibilidad de los proyectos. Con financiamiento de transferencias federales para inversión en infraestructura y espacios públicos y préstamos de la Tesorería para la adquisición de tierras, la Corporación logró recuperar sus gastos reembolsables y alcanzó la mayor parte de sus objetivos a fines de su mandato de 25 años y fecha de cierre obligatorio, en el año 1996 12 • LA DESOCUPACIÓN DEL CENTRO La rehabilitación de los centros históricos es, a todas luces, beneficioso: atrae la activi- dad turística y el Ayuntamiento que lo prohíja recibe más ingresos. Pero también trae a remolque otros estimulantes efectos: sube el precio del suelo y de los inmuebles que se posan encima de él. Es el proceso que impulsa las actividades económicas en el área y que, en último término, favorece a las arcas del fisco y de los propietarios de la tierra: la gentrificación. ¿Cómo evitar que este fenómeno no signifique, al mismo tiempo, desalojar de la zona a familias de bajos ingresos y a aquellas actividades económicas menos renta- bles? El equilibrio queda a expensas de las fuerzas del mercado, que depende de cuánta plusvalía obtengan de los edificios y terrenos sus propietarios y promotores inmobiliarios, conforme los bienes alberguen las actividades más rentables. Y es que el proceso de gentrifi,cación atrae actividades económicas -el comercio, la recreación, el turismo- que aumentan la demanda de espacio en el centro histórico y, consecuentemente, mejoran la posibilidad de sustentar, a largo plazo, el esfuerzo de con- servación. Inevitablemente, los miembros más humildes de la comunidad quedan al mar- gen del proceso por cuanto pierden el acceso a viviendas de bajo costo relativo y a las ventajas económicas y sociales que ofrece una localización céntrica. Aunque las autoridades tienen conciencia de los efectos sociales que vienen a la zaga, casi nunca están en condiciones de compensar los daños. En contados casos se crean programas públicos nacionales que apoyan la construcción de viviendas para familias de bajos ingresos, abriendo el campo a las microempresas. Una medida tan impopular como la expulsión de residentes modestos puede alcanzar un nivel tal que ponga en peligro el respaldo político a la conservación y rehabilitación de la zona histórica. En Bologna y Barcelona se ha mitigado decorosamente este problema de los residentes locales, merced a grandes subsidios públicos. En los países hispanoame- ricanos no hay cómo pagar ese precio. Hace algunos años la Empresa de Capital Mi.>..rto del Centro Histórico de Quito co- menzó a rehabilitar edificios para uso residencial sobre la base de un riguroso control de costos. Recibió subsidios directos del Gobierno Central, otorgados en el marco de la Po- 12 Eduardo Rojas, El sector privado en la conservación de ce11tros históricos: un análisis de tres casos, Banco Interamericano de Desarrollo, Departamento de Desarrollo Sostenible, \.Yashington D.C., 1998, p. 39. 46
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