Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
Es normal que en los países europeos se dicten normas tendientes a proteger edificios de interés en áreas específicas. Pero, junto con ello, el Estado respectivo otorga regula- ciones e incentivos a la propiedad privada: exenciones tributarias, subsidios directos o derechos especiales a los propietarios de los edificios afectados. Los subsidios compensan la pérdida de ingresos o los gastos extraordinarios que representan el cumplimiento de las regulaciones de conservación. Como mecanismo de promoción, el uso de estímulos tributarios en favor de la par- ticipación privada en la conservación ha tenido particular éxito en Estados Unidos. El Programa Federal de Incentivos Tributarios para la Preservación Histórica otorga rebajas del impuesto a la renta por montos equivalentes al 20% de gastos certificados en conser- vación de edificios incluidos en el Registro Nacional de Sitios Históricos y de 10% para edificios no residenciales construidos antes de 1936. Los incentivos tributarios pueden ser transados, convirtiéndose de hecho en contribuciones en efectivo a los propietarios e inversionistas en conservación de edificios históricos. Una iniciativa interesante es la posibilidad de transferir los derechos de mayor cons- tructibilidad del solar del edificio protegido a otros terrenos. Automáticamente se reduce la presión por intervenir los terrenos donde se encuentren los edificios patrimoniales. Esta opción, no obstante, exige cuantiosos recursos institucionales y termina por sobre- cargar el presupuesto de las entidades públicas que financian los subsidios. Mediante una inteligente combinación de regulaciones e incentivos, la ciudad de Edimburgo (Reino Unido) logró preservar el sector renacent ista del centro histórico (Georgian New Town). En casos como el aludido -un verdadero modelo de gestión-, los propietarios de los edificios históricos registrados se comprometen a no introducir cambios estructurales ni superficiales en los edificios y, en compensación, reciben asistencia técnica gratuita y reducciones de impuestos de parte del gobierno. Adicionalmente, el Patronato Nacional (National Trust), una organización no guber- namental con financiamiento privado establecida para promover la conservación de los edificios históricos, hace aportes directos a favor de la causa. El éxito de esta combinación de regulaciones y subsidios se debe, en gran medida, a una conjunción de condiciones favorab les: escasa presión de desarrollo inmobiliario en el centro histórico, recursos suficientes para cubrir los subsidios y el decidido apoyo de la comunidad. Afortunadamente la conservación del patrimonio urbano y arquitectónico se ha incorporado activamente a los planes de gobierno de los países hispanoamericanos, como consecuencia de la creciente apreciación de su radiación cultural y económica. Innumerables experiencias demuestran que este esfuerzo dará verdaderos frutos en el largo plazo solo si todos los actores sociales interesados en la ciudad participan activa- mente, con voluntad, sin mezquindades, con amor. Se requiere, para ello, de una equi- librada distribución de funciones entre los representantes de las comunidades pública y privada. Una característica común a la mayor parte de los procesos de recuperación de los centros históricos hispanoamericanos es la comunión del esfuerzo del Estado y la colaboración de los empresarios. El Estado es, en buena medida, el catalizador de la inversión privada. 44
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