Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

duda. Por eso es que, en ciertas ciudades de Europa y Estados Unidos, donde los centros históricos son motivo de admiración, las familias de altos ingresos deciden restaurar los edificios de valor para convertirlos en residencias temporales o permanentes. El sector privado, por su parte, resuelve invertir en obras de conservación en tanto los inmuebles se constituyan en objeto de atracción. Cuando las intervenciones implican una escala mayor, abarcando el patrimonio urba- no, precisan, para ser efectivas y útiles, no solo rehabilitar la estructura física de los cen- tros históricos -espacios públicos y edificios emblemáticos- sino, además, revitalizar los procesos sociales y económicos. La sustentabilidad se consigue haciendo un uso eficiente de cada uno de los bienes comprometidos. Es frecuente que en una primera etapa el esfuerzo de conservación del patrimonio -en los países hispanoamericanos- sea encabezado por las elites culturales preocupadas por conservar edificios específicos o áreas monumentales en peligro de extinción a causa de las presiones del desarrollo inmobiliario. México ha sido una excepción: gran parte de la responsabilidad de esa acción recayó en el Estado 10 . En proyectos ambiciosos lo normal es que el financiamiento provenga de una diversi- dad de fuentes, públicas y privadas. El éxito de las campañas depende, ineludiblemente, de la persistencia del esfuerzo de los grupos sociales involucrados que deben bregar sin tregua por recursos financieros renovados. Es cierto que, en muchos casos, la legislación ha frenado la destrucción de edificios históricos, con la esperanza de que en un plazo breve se integren activamente a la ciudad. Pero hay que reconocer, sin embargo, que en algunas ocasiones promovió el deterioro, al limitar las opciones de desarrollo de los edificios históricos y privarles de incentivos que pudiesen promover el mantenimiento adecuado por parte de propietarios y ocupantes. El peligro es que los propietarios, desencantados, solo esperen la lenta extinción del bien, ilusionados con la idea de que el terreno eriazo se convertirá en una lucrativa playa de aparcamientos. Cuando logran superar el primer momento, los gobiernos adoptan un enfoque más activo en la conservación. Promulgan leyes, crean comisiones de conservación del patrimonio y más de alguna institución especializada. Pero tan pronto se enfren- tan a necesidades sociales acuciantes, escasean los recursos para financiar el mante- nimiento y la recuperación del patrimonio urbano. La carencia de fondos se ve, con frecuencia, agravada por la falta de experiencia técnica. Eso explica que, en la mayo- ría de los casos, las buenas intervenciones sean más o menos excepcionales. Lo difícil es el equilibrio justo entre las funciones que desempeñan el sector público y el sector privado. A menudo las intervenciones públicas, orientadas a conservar el patrimonio, terminan por desplazar, en buena medida, al sector privado, que puede cumplir un gravitante rol en el proceso. Al desplazar a los potenciales inversionistas, el Estado se muestra impotente para conservar, con sus limitados recursos, un gran número de edificios y espacios públicos. 10 JuneTaboroff, Cultural Heritage in Environmental Assessmelll, Environment DepartmentTheWorld Bank, Sourcebook Update Number 8, Washington D.C., 1994, p. 3. 41

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