Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

sola habitación y compartían instalaciones sanitarias inadecuadas. Los arrendatarios se beneficiaban por la céntrica localización; los propietarios agradecían, por su parte, el in- greso extra por concepto de alquiler. Quizás si uno de los atributos claves de un centro histórico es su identidad, que radica tanto en su paisaje físico como en la calidad de sus habitantes. Cada edifi cio de valor y cada rincón histórico son motivo de orgullo para quienes son y se sienten sus legítimos propietarios. Constituyen, para el ciudadano común, verdaderos referentes, todos imbri- cados en su significación histórica y cultural, elementos que deben defenderse y realzarse para asegurar una permanente cohesión, un macizo sentido de intemporalidad y trascen- dencia 9 . LA OBSOLESCENCIA, UNA AMENAZA Los edificios también llegan a su tiempo terminal. Una suerte de jubilación, que se puede postergar si se toman medidas oportunas. Existe una obsolescencia física -la más eviden- te-, que se asocia con el deterioro de la estructura, con las instalaciones o las terminacio- nes de los edificios, particularmente cuando estos ya no están en condiciones de acoger las funciones para las cuales están destinados. Casi siempre por falta de mantenimiento, la obsolescencia física también puede ser consecuencia de desastres naturales (terremotos, incendios, inundaciones) o, más comúnmente, de aquellos que provoca el hombre mismo. Y como siempre, los inmuebles más afectados suelen ser aquellos de valor histórico, que precisan de cuantiosas inversiones para ser recuperados. Un nefasto efecto de la vetustez física es la obsolescencia económica, que se produce cuando ya no es rentable mantener en uso el inmueble. ¿Razones? La plusvalía del terre- no, que estimula las presiones por demolerlo, ofreciendo el solar a un destino más lucra- tivo. Un ejemplo reiterado de este tipo de obsolescencia es la demolición de viviendas unifamiliares para utilizar los terrenos en la construcción de edificios de departamentos o edificios para oficinas. El antídoto para neutralizar los apetitos inmobiliarios no es otro que la tozudez de una minoría sensible que rompe lanzas por conservar los edificios y espacios reconocidos como valiosos. En casi todos los países europeos el mercado invierte importantes recursos en la conservación del patrimonio arquitectónico y urbano. Los residentes contribuyen a la causa cuidando sus propios bienes en los centros históricos. Se sabe, sin embargo, que aún persisten vacíos legales que dejan a la intemperie el patrimonio. El entusiasmo conserva- cionista proviene antes de las comunidades que de los organismos fiscales. Se explica este fenómeno porque los ciudadanos se han apropiado de un sentimiento de identidad que les motiva a preservar la historia en cualesquiera de sus manifestaciones. Con frecuencia se invoca la promoción del turismo para justificar la inversión públi- ca en la conservación del patrimonio urbano. Actualmente es un factor indisociable, sin 9 Sebastián Gray Avins, óp. cit., p. 74. 40

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