Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
base de manzanas cuadradas que rodean una plaza central tiene su origen en los asenta- mientos militares creados en la España del siglo XV para consolidar el territorio ganado a los árabes en las guerras de la Reconquista, la cual, a su vez, es una práctica que remite sus orígenes al castrnm romano. No es el caso de las ciudades portuguesas, que heredaron, en su mayor parte, una estructura orgánica de calles y espacios públicos que evolucionó con el curso de los años según el crecimiento del poblado, las necesidades de su defensa y la topografía. Hay que convenir, sin embargo, que en ambos casos la estructura de la ciudad -que acogió el crecimiento durante más de cuatrocientos años- ha hecho patente sus limita- ciones y es cada vez menos capaz de absorber las demandas que exige el desarrollo de las últimas décadas. Los espacios públicos -en particular las calles- se tornan progresivamen- te más estrechos e insuficientes. El patrón regular de manzanas cuadrangulares, organizadas en torno a una plaza mar- ginada por los edificios principales, representa los ideales del Renacimiento. Pero la geo- metría de formas regulares y proporciones clásicas se malogra, irremediablemente, por la intromisión abusiva de vehículos que congestionan las calles y contaminan el aire; los espacios públicos, adicionalmente, son invadidos por los vendedores informales. Como consecuencia, las actividades económicas más dinámicas y las personas de más altos in- gresos abandonan los centros históricos, lo que redunda en deterioro de los edificios y su entorno inmediato 8 . El patrimonio arquitectónico de las ciudades iberoamericanas se concentra, mayo- ritariamente, en los centros históricos. Se mantienen en pie -reconstruidos una y otra vez- los edificios de gobierno y las iglesias con sus conventos respectivos. Algunos son refinados ejemplos de arquitectura neoclásica o neobarroca. No resulta extraño compro- bar que, en general, se ven afectados por diversos grados de obsolescencia funcional y física. La capacidad de acoger nuevos destinos en forma cómoda y eficiente es limitada. Consecuentemente, estos activos se desvalorizan aún más en los ya deprimidos mercados inmobiliarios de los centros históricos. Es evident e que la obsolescencia funcional, física y económica es la raíz del problema de la conservación del patrimonio urbano y arquitectónico. Estos procesos -difíciles de evitar y también de revertir- se combinan para causar el deterioro de los edificios histó- ricos y los espacios públicos que les rodean. La obsolescencia funcional de edificios y espacios públicos surge cuando estas es- tructuras ya no satisfacen las demandas para las cuales fueron diseñadas originalmente. Un ejemplo clásico lo constituyen las casas tradicionales de familias de altos ingresos localizadas en los centros históricos de las ciudades hispanoamericanas. Estos edificios alojaban, hasta muy avanzado el siglo XX, las actividades domésticas de extensas familias que, finalmente, optaron por las comodidades que ofrecían las modernas residencias. Una vez abandonadas por sus propietarios, las residencias del centro histórico se con- virtieron en conventillos. Allí se albergaban familias de bajos ingresos que vivían en una • Eduardo Rojas y Claudio de Moura Castro, Préstamos para la conservación del patrimonio histórico urbano. Desafíos y oportunidades, Banco Interamericano de Desarrollo, \.Yashington, D.C., 1999, p. 105. 39
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