Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

En el largo proceso de expansión espacial de la ciudad se puso menos atención a las transformaciones que afectaban las áreas del centro histórico que a las intervenciones puntuales de restauración de los monumentos. De ahí el aumento de los bolsones de pobreza urbana en estas áreas. Por otra parte, la evidente irrupción del turismo y ciertas inversiones extranjeras en las nuevas construcciones son factores gravitantes en la definición del centro histórico en varias ciudades iberoamericanas. Proponen, adicionalmente, nuevos retos, vinculados a los cambios funcionales, a la accesibilidad y a la creciente presión que se ejerce sobre la población de escasos recursos establecida allí7. Un peligro al acecho es que los gobiernos locales, en su obcecado afán de obtener nuevos ingresos, orienten la revitalización de las áreas centrales y de los centros históricos con una mirada extremadamente economicista, convirtiendo los valores culturales en valores meramente productivos. En ese caso, los defensores del patrimonio deben estar atentos a hacer frente al irrefrenable avance del poder inmobiliario. Las áreas centrales precisan de un cambio en los instrumentos de intervención, desde el punto de vista normativo, financiero y tecnológico. Es evidente que la tarea de la revi- talización de las áreas centrales sobrepasa las capacidades de intervención de los gobier- nos, aun más en el marco actual de una reducción de la presencia pública. Como quiera que sea, hace falta que los gobiernos promuevan nuevos incentivos para favorecer las inversiones privadas, sin las cuales se tornan escasas las posibilidades de po- ner en marcha cualquier proceso de revitalización. Y, desde luego, siempre con el control de profesionales sensibles a la historia de la ciudad. CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO URBANO, UNA MISIÓN COLECTNA La lista de las ciudades americanas que han recibido el reconocimiento internacional al ser declarados Patrimonio de la Humanidad por UNESCO es extensísima. Entre ellos, Olinda, Ouro Preto, Salvador y Sao Luis, en Brasil; Potosí y Sucre, en Bolivia; Cartagena de Indias y Santa Cruz de Mompox, en Colombia; La Habana, en Cuba; Santo Domingo, en la República Dominicana; Quito en Ecuador, Antigua en Guatemala; Ciudad de Mé- xico, Puebla, Morelia y Zacatecas, en México; Ciudad de Panamá, en Panamá; Cuzco y Lima, en Perú; Colonia, en Uruguay; Coro, en Venezuela. Más recientemente Valparaíso, en Chile. Lo común de todas ellas es su rico legado de edificios y espacios públicos, loca- lizado, mayoritariamente, en los centros históricos. Es claro que estos centros históricos se encuentran permanentemente amenazados por las presiones que ejerce el desarrollo urbano contemporáneo sobre la estructura tra- dicional de calles y espacios públicos. Pero, sobre todo, por la obsolescencia funcional y física de los edificios históricos. Como bien se sabe, las ciudades fundadas por los españoles se basan en una estricta estructura de damero; se sabe, asimismo, que la práctica de establecer poblados sobre la 7 N. Garcí a Canclini, Los usos sociales del patrimonio cultural, en "Patrimonio etnológico: Nuevas perspectivas de estudio", Aguilar Cri ado, E. (Coord .), Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Granada, 1999, p. 22. 38

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