Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Y es que si verdaderamente existe un ámbito donde se impone la participación ciu- dadana es, precisamente, en el contexto de la ciudad. Se ha anunciado, con entusiasmo, la futura creación de una comisión que se ocupe de los problemas urbanos. Mientras tanto, sin embargo, se multiplican los conflictos que provocan los megaproyectos viales, los planes reguladores y, asociados a ellos, la construcción de torres residenciales en barrios tradicionales de baja densidad. La solución se ve difusa: ni las juntas de vecinos ni los concejales dentro del muni- cipio tienen hoy un poder de representación activo. Si se optase por la participación directa - mediante plebiscitos, por ejemplo-, es tal la maraña normativa y son tantas las décadas en las que la comunidad ha estado al margen de estos temas, que finalmente ig- nora que lo que está en juego es su propio escenario cotidiano. Solamente organizándose los ciudadanos tienen las armas para postergar las obras viales, negarse a la localización de inmuebles discordantes o exigir compensaciones económicas en aquellos sectores donde se comienza a atentar contra la calidad de vida. Como el problema se presenta en casi toda Hispanoamérica, la UNESCO ha promovi- do, en el ámbito universitario, la formación de especialistas que, luego de instalados en los gobiernos locales, generen vías de información y participación que coadyuven al cambio cultural. Los foros electrónicos, a través de las redes informáticas, constituyen un recurso de alta eficacia. Es justo reconocer, además, que la endémica escasez de fondos municipales se tra- duce, por lo general, en gobiernos locales débiles y necesitados, inermes para oponerse a los megaproyectos públicos, por una parte, y ansiosos de recibir inversiones privadas, por otra, desatendiendo las consecuencias de mediano y largo plazo. Por lo mismo, temen una participación ampliada. La industria de la construcción, inevitable fulcro de la economía, esgrime poderosas razones para poner coto a cualquier mecanismo que abra espacios a los ciudadanos. Se explica, entonces, que las reformas urbanas solo prosperen en países donde el poder pú- blico es muy fuerte. En nuestro medio, ni el cambio cultural ni la inquietud ciudadana se ven venir aún. Por el momento, los municipios debieran incluir la opinión vecinal en las limitadas re- soluciones que hoy administra el feble sistema de los gobiernos locales. Los ciudadanos quieren tener alguna injerencia en las decisiones que se adoptan respecto de su ciudad. Mal que mal, la viven a diario. Es preciso considerar, asimismo, que a la hora de la recuperación del tejido se debe discernir entre lo que merece cuidado y aquello que sugiere un controlado recambio. Y esa es tarea de las municipalidades, en connivencia con la comunidad. En cada caso se precisa de un plan secciona! específico. Como una manera de enfrentar el problema con algún orden, a continuación se aven- turan algunas ideas: • Inventariar predios y edificios vacantes, mal utilizados y abandonados. • Ejercer, por parte del Estado - a través de la Municipalidad correspondiente- el dere- cho de adquirir terrenos e inmuebles que ofrezcan la posibilidad de mejorar la calidad del barrio. 353

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