Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

En ese mismo tiempo se iniciaba la renovación del centro histórico de la ciudad, manteniendo su cuadrícula, pero cambiando la escala al incorporar edificios de oficinas de diez a doce plantas, de fachada continua y con una red de pasajes comerciales en los interiores de las manzanas. A comienzos de la década de 1940 se registraron los primeros intentos de expansión urbana. La ciudad informal de la periferia estaba estructurada por polígonos habitacio- nales cada vez más grandes, emplazados en áreas agrícolas inmediatas a las vías de acceso a la ciudad 1 • Pero fue en la segunda mitad del siglo XX -cuando se implantó el modelo de la ciu- dad moderna, con su centro comercial y sus servicios respectivos-, que se produjo un explosivo deterioro de los barrios antiguos inmediatos al casco histórico. Mientras tanto, la población comenzaba a desplazarse a otras áreas urbanas. Santiago experimentó, entonces, una expansión física incontrolable, a causa del alto valor del suelo y de una planificación insuficiente y tardía. Se acentuó la segregación, desnudando una periferia pobre en recursos y carente de infraestructura, apenas apta para la supervivencia. No parece extraño que las zonas localizadas al sur y al norponiente del área central de Santiago se reconozcan hoy como sectores excluidos del sistema metropolitano, con reducido acceso a los distintos servicios que ofrece la ciudad. Por otra parte, se extendieron los servicios de transporte urbano y del parque de auto- móviles, lo que, unido al mal emplazamiento de industrias nocivas, contribuyó a agravar los problemas de la contaminación ambiental. Es un hecho que el abrupto crecimiento de Santiago en los últimos años ha esti- mulado la construcción de nuevas obras de vialidad intercomunal y de equipamiento. Abundan los recursos para sembrar inmuebles en altura o densos edificios destinados al comercio. Sin embargo, siempre se hacen escasos los fondos destinados a materializar los proyectos de recuperación de las áreas antiguas, así como ineficaz la manera de preservar el patrimonio urbano y arquitectónico que aún perdura. Como si la saturación de los servicios no fuese aún suficiente, a comienzos de 2008 el Gobierno propuso a la Comisión de Ordenamiento Territorial que el área urbana de Santiago se extendiera en diez mil ochocientas noventa y ocho hectáreas, sustrayendo superficie a los t errenos agrícolas. Las autoridades del Ministerio de la Vivienda estima- ron que la propuesta era conservadora, toda vez que solo corresponde a un 0,8% de la totalidad de la superficie de la Región Metropolitana. De la expansión total, un 60% corresponde a zona residencial: 163 mil viviendas para 652 mil nuevos habitantes. El resto, a equipamiento para industria inofensiva y áreas verdes 2 . Pero los esfuerzos del SESMA (Servicio de Salud Metropolitano del Ambiente) ni siquiera consiguen neutralizar las tóxicas emisiones de las 6.000 industrias disemina- das en el área metropolitana. Antes que mejorar la condición ambiental, se ha incre- 2 Eduardo San Martín, La arquitectura de la periferia de Santiago. Experiencias y propuestas, Editorial Andrés Bello, Santiago, 199 1, p. 74. http://www.terram.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=2131

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