Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

La invasión de las torres habitacionales es incontenible. Proliferan como la mala hier- ba, tan pronto advierten que la legalidad no está en condiciones de ponerles freno. La consigna es obtener el máximo rendimiento del terreno y el mayor número de metros cuadrados con los mínimos recursos. Y todo ello a costa de sacrificar la calidad de vida de los habitantes ligados emocionalmente con el lugar. Cada vez resulta más difícil descu- brir la buena arquitectura en medio de esta edilicia adocenada y poco gentil para con los usuarios. Cual si se tratara de una fábrica de estantes, las inmobiliarias levantan rascacie- los con una velocidad tal que ni siquiera ofrecen al ciudadano común la posibilidad de asimilar la nueva imagen en una transición menos dolorosa y brutal. Como si no fuera demasiado, las mismas inmobiliarias extienden sus instalaciones hacia otras ciudades, indiferentes a la geografía, a la historia o a las costumbres de la res- pectiva comunidad. El mismo modelo de edificio se aprovecha en Santiago, en Rancagua, en Valparaíso o en cualquier otra ciudad chilena. Como si a todas las ciudades con un cierto desarrollo hubiese que aplicar una fórmula única. Por eso es que los nuevos centros comerciales y de poder se procuran un espacio am- plio, que les permita manifestarse con colosales gestos urbanos. Un alarde de tecnología, fastuosidad y arrogancia. No sorprende, entonces, que los rasgos de identidad sean cada vez más escasos, las ciudades más monótonas y la población más anónima. 346

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