Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
Los solares que enfrentan el cerro Santa Lucía no han encontrado aún su destino definitivo. La única virtud de las construcciones que allí se han alzado es, de momento, su transitoriedad. ALAMEDA PONIENTE, FACHADA SUR A partir de la Autopista Central (ex Carretera Norte-Sur), en dirección poniente, la Alameda se hace extraordinariamente expugnable. Ante las debilidades legales que dejan desprotegidas las obras de valor ambiental, las empresas inmobiliarias permanecen en alerta máxima, a la espera de una oportunidad para erigir nuevas torres y densificar el tejido. El camino está dispuesto: conseguir la fusión de solares contiguos, cuando se trata de terrenos erizos o construcciones deleznables. El peligro es que, en esta vehemente irrupción, desparezcan, sin un adecuado grado de análisis, algunos inmuebles de interés arquitectónico, histórico o ambiental. El crecimiento inmobiliario, sin duda, tenderá a concentrarse cerca de la Alameda, re- emplazando todos los edificios en precario estado de conservación. No sería extraño, por lo demás -por instinto práctico antes que por convicción conceptual- que de aquellos mejor cuidados se aprovechen algunas de sus fachadas. SANTIAGO, HACIA LA IMAGEN UNIVERSAL Y ANÓNIMA Hoy en día la ciudad es expugnable por múl tiples flancos . Hasta mediados del siglo XX algunos sectores de Santiago -barrios, en los mejores casos- llegaron a perfilar una identidad reconocible. Esta identidad es tributaria, en gran medida, de la imagen urbana que llegaron a proyectar las unidades espaciales involucradas. Pero la necesidad de den- sificación progresiva ha estimulado, para mal de la ciudad, la construcción en altura. Y el mal no es la altura en sí misma, sino la fa lta de una planificación integral, en la que la escala urbana resulta ser un factor determinante. La ciudad crece verticalmente, pero a borbotones, arrojando resultados a menudo aberrantes. Lo que antes era excepción, ya se convierte en una ley: la discontinuidad y la decepcionante ausencia de euritmia. Los elementos referenciales, aquellos que orientan y adicionalmente dan un sello particular a cada fragmento de ciudad, han ido desapareciendo conforme son absorbidos por las transformaciones. Desde luego, las torres de las iglesias ya no emergen como hitos urbanos: la mayor parte de ellas es objeto de asfixia y termina sobrepasada en altura por los rascacielos impiadosamente dispuestos a distancias nada generosas. Puestos a observar, los elementos recurrentes de la ciudad actual son los ortoprismas que las inmobiliarias se han dedicado a multiplicar con un entusiasmo inquietante. Hace un siglo, campeaban los edificios de dos pisos, con un repertorio formal que tendía a ads- cribirse a los cánones neoclásicos o historicistas. Y aquellos que decidían no calzarse ese sayo figurativo, al menos se sometían - aun cuando fuera por limitaciones técnicas- a la escala urbana predominante. 343
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