Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

Bastó que cesaran sus destinos originales para que sufrieran el embate del bulldozer. ¿Por qué no pudieron ser devueltos a la ciudad con funciones renovadas, acordes con las nece- sidades actuales? La cárcel - un clásico panóptico de 1892- pudo haberse convertido, por ejemplo, en una biblioteca pública o en un museo. Incluso pudo ser un mercado popular para ahorrar provisionales e insulsos cobertizos que entorpecen el Parque de los Reyes. El conjunto conformaba una manzana neta, inserta en la morfología propia del centro santiaguino. Si la demolición era inevitable, ¿por qué no se construyó, en ese solar, vo- lúmenes propios de ese sector de la ciudad 7 Aparecieron, donde antes estuvo la cárcel y el edificio de los Juzgados del Crimen, dos torres de oficinas de 17 pisos que -al margen de su calidad- constituyen un paisaje disperso, absolutamente descontextualizado, con un difuso espacio público, contiguo a un centro cultural y a un gran parque. Del notable edificio original de los juzgados se mantuvieron unos fragmentos a modo de evocación. Sin embargo, no pasa de ser una pincelada escenográfica, apenas un vago recordatorio de lo que antes allí existió 23 . El límite poniente del área central de Santiago, generado por la Autopista Central (ex Avenida Norte-Sur), segrega y degrada el conjunto, organizado sobre el damero histórico. La concentración de oficinas, casi siempre en buen estado de conservación -propiciada por la cercanía al centro- se traduce en una gran cantidad de población flotante, mayo- ritariamente adulta . Conforme se distancian del centro, las construcciones tienden a ser más bajas. No obstante, emergen, de cuando en cuando -y ajenas a toda lógica-, algunas torres destinadas a viviendas y oficinas. El buen estado de conservación incluye edificaciones antiguas que conforman tramos continuos -algunas con atributos arquitectónicos- y otras nuevas. Estas últimas se loca- lizan de preferencia hacia el norte del sector; aquellas antiguas que se encuentran mejor conservadas, en cambio, ocupan el centro-sur de esta zona. No abundan las construcciones en mal estado. Sin embargo, los sitios eriazos -suman un área importante-, hacen que el sector sea apetecido por poderosas inmobJiarias, más interesadas en densificar que en proponer una arquitectura armónica con lo existente. Los edificios de valor están concentrados en un área muy confinada. Los discordantes, por su parte, emergen con la libertad que les ofrece una confusa normativa. Unas cuantas transformaciones han hecho de este sector un lugar con escasa iden- tidad. Las huellas de la memoria se han extinguido en sucesivas oleadas: primero, con la brutal escisión de la trama urbana, cuando se materializó la Avenida Norte-Sur; después, con la irrupción de la Estación Santa Ana, del tren metropolitano de Sant iago; por último, cuando se puso en marcha el nuevo plan para repoblar el centro -"Subsidio de Renovación Urbana"-, que ha propiciado la aparición explosiva de construcciones en altura, adulterando las características morfológicas de las manzanas y la escala del lugar. Ni siquiera el Plan Regulador, que contempla ciertas áreas de conservación, ha conseguido morigerar la tendencia a la heterogeneidad y al caos urbano. La acción inmobiliaria implanta, sin atenuantes, un lenguaje que en nada recuerda el barrio ori- ginal. La propia torre ENTEL, que durante décadas campeó en el tramo cent ral de la 23 Sebastián Gray Avins, óp. cit., p. 68. 334

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=