Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
• AREA B: Surcada por el Parque Forestal, limita en el borde sur por un gran paredón de 25 metros de altura, que es la extensa fachada de edificación continua conformada por una yuxtaposición de frontispicios de diversas expresiones. Sin embargo, la regu- laridad de las fenestraciones permite entenderlo como un todo unitario. • AREA C: Fragmento regido por el damero fundacional y por la normativa propuesta por Karl Brunner. De acuerdo con sus preceptos, la altura no tiene que superar los 13 pisos y debe mantenerse, como característica, la fachada continua. Cada una de las zonas identificadas merece un tratamiento singular para evitar en ellas una degradación progresiva. El cerro no puede ser sino el sempiterno referente del sector, arropado de una edilicia más bien uniforme, continua, templada por la neutralidad, por su parentesco morfológico y el amable juego de vacíos y llenos. Los edificios de reconoci- do valor patrimonial -incorporados en ese tejido- habrán de ser respetados por los años de servicio y por su aporte a la armonía de la ciudad. Unas cuantas orientaciones de diseño -conformando una suerte de manual de ins- trucciones- podrían conducir con propiedad los nuevos proyectos que completen los sitios baldíos: la altura de los volúmenes, el orden compositivo, la materialidad, el color. En dos palabras, la buena arquitectura. Las muchas bondades del sector pueden ser generosamente ofrecidas al habitante santiaguino: consolidar decididamente la vocación funcional que expresa ese fragmento de ciudad coadyuvará, sin duda, a la definición de los circuitos turísticos y culturales que allí se reclaman. Una renovación del sector, con intervenciones sanadoras, podría reducirse, en una primera instancia, a la vinculación funcional de aquellos magnéticos focos de cultura y esparcimiento ya instalados en el centro histórico de la ciudad: los museos, el parque, el cerro, los paseos peatonales. La señalización y definición de las rutas se podrían conseguir con recursos arquitectónicos sencillos y de bajo coste. Dos circuitos parecen muy naturales: • Calle Merced - calle Lastarria - Museo de Bellas Artes - Cerro Santa Lucía. • Biblioteca Nacional - Plaza Mekis - Teatro Municipal - Iglesia de la Merced- Museo de Bellas Artes - Museo de Artes Visuales - calle José Miguel de la Barra - Parque Forestal. ALAMEDA/ NORTE-SUR/ SAN ANTONIO/ PARQUE FORESTAL Un camino a seguir en las futuras intervenciones podría ser el que se adscriba a una op- ción radicalmente conservacionista. Intervenciones que, en lenguaje hiperbólico se han denominado, en este capítulo, momificad.oras. ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si concibiéramos este fragmento de ciudad como un gran museo al aire libre, al cual hay que defender a ultranza, de manera que las interven- ciones se reduzcan a las mínimas indispensables? La erradicación del automóvil del área central -dentro de lo posible- sería un paso importante. Se estimularía la contemplación y la permanencia en los vacíos urbanos, que formarían parte de un sistema de galerías interiores -abundan en el área céntrica- y de paseos peatonales. 326
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