Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
del suelo, a través de un esquema adaptativo que pretende adecuarse a la dinámica de las componentes socioeconómicas del sistema urbano. Se suprimen los límites de la urbe, privilegiando la cantidad por sobre la calidad 13 . Producto de lo anterior, Santiago ha experimentado una gran expansión física a causa del valor del suelo, consecuencia de una planificación insuficiente y tardía, que genera una ciudad antidemocrática y altamente segregadora. Su periferia, además de carecer de infraestruct ura, posee una calidad de vida altamente deteriorada. La normativa es, al final de cuentas, de una elasticidad aterradora. Las incontroladas licencias son las que hacen que la ciudad se convierta en un enorme animal indefenso. El rompecabezas se hace y se deshace, mientras los arquitectos cavilan y urden ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? El peligro es hacer de esta una ciudad anónima; el peligro es la tendencia al caos. Algún día prevalecerá la ley del orden. Por ahora, Santiago tiembla. En efecto, la normativa es laxa. Permite demasiado, en materia de alturas, de vo- lúmenes diversos, de expresiones disonantes. Las propias autoridades, cuya aspiración mayor consiste en densificar el centro de la ciudad -insensibles a la armonía o, al menos, a cierto grado de coherencia morfológica- desconocen la observancia de las leyes. Han manifestado su interés por cautelar los edificios de valor -ya es algo-, mas no las zonas que se encuentran influenciadas por esos edificios de valor. Y es ahí, precisamente, donde acechan las mayores amenazas. El drama de la volubilidad normativa -que en algunos puntos ha contribuido a des- figurar el centro de Santiago- se ilustra perfectamente en el cruce de las calles Agustinas y San Martín: en sus ochavos la línea de edificación propone un amplio círculo con an- tejardín, según lo propone el trazado de Brunner. En cada una de las esquinas existe un edificio de distinta época. Y cada edificio adopta la norma de su momento: dos de ellos, con veint e años de diferencia, corresponden a la ordenanza original y configuran adecua- damente el espacio imaginado por el urbanista. Un tercer edificio tiene una altura algo mayor y una línea de edificación más retranqueada, respetando a desgano la curva del ochavo. El último y más reciente consiste en una enorme torre de viviendas, cuya altura, masa y línea de edificación convierte la señalada curva en un ridículo accidente. La pre- tendida rotonda, concebida hace setenta años como una pausa y un punto de referencia de la severa trama ortogonal, ha quedado reducida a un vacío informe y descuidado 14 • La desarticulación de la ciudad proviene de la estimulación que trajeron a remolque las imágenes de modernidad asociadas al CIAM y al "Estilo Internacional". Los mismos arquitec- tos que habían contribuido a consolidar una ciudad armónica, después renegaban de ella. Es poco lo que puede hacer el Consejo de Monumentos Nacionales -siempre escaso de recursos humanos y financieros- para detener las invasivas acciones que permite -y alienta, algunas veces- la Municipalidad de Santiago. Debe contentarse con cautelar las Zonas Típicas con criterios más escenográficos que sociales. Pero, ¿son acciones suficien- tes como para evitar las intervenciones aberrantes? Existe, sin duda, un extenso territorio no defendido, enteramente expuesto y expugnable. IJ Rodrigo Messen M., Decreto 420, Planificación SEREMI 1979-90, en Revista Serie "Premio Nacional de Urbanismo, Nº I", Santiago, Nov. 1996, p. 56. •• Sebastíán Gray Avíos, óp. cit., p. 71. 321
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