Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
De los siglos anteriores supervive apenas una docena de edificios, entre los que se cuent an templos, edificios administrativos y algunas residencias urbanas y rurales. Entre los templos se conserva San Francisco, el único remanente del siglo XVI; San Agustín, Santo Domingo y la Catedral -junto al Sagrario-, del siglo XVII. Entre los edifi- cios administ rativos, el Palacio de La Moneda y el Cabildo, ambos del siglo XVTII. Por último, la Casa Colorada y la Posada del Corregidor representan las residencias urbanas del siglo XVII I. Esta real idad se comprueba cuando se hace la revisión de la historiografía arquitectó- nica. En efecto, al examinar la monument al obra de Diego Angulo, Enrique Marco y Juan Antonio Buschiazzo Historia del Arte Hispanoamericano, con cerca de 3.000 páginas y 2.500 fotografías, se comprueba que solo hay 25 páginas dedicadas a Chile (muy poco si se compara con las 800 que dedica a México y las 360 referidas a Perú) 4 • Por su parte, en Historia del Arte Latinoamericano, Leopoldo Castedo, destina apenas diez páginas a la arquitectura chilena. 5 Alfredo Benavides, a su t urno, en la Arquitectura en el Virreinato del Perú y Capitanía General de Chile, reparte las 358 páginas entre arquitectura y bienes muebles, incluyendo el patrimonio peruano 6 . En el contexto latinoamericano, el aporte del patrimonio edilicio chileno es modesto. El implacable régimen sísmico abatió casi todas las construcciones de los siglos XVI, XVII y XVlll. No existen edificios de la calidad de la catedral de México; o del Palacio Torre- Tagle, de Lima; o de la Iglesia de San Francisco de Quito o los Cabildos de Buenos Aires o Tucumán. Probablemente, en Chile, uno de los pocos inmuebles que posea una estatura continental sea el Palacio de La Moneda. Tampoco el siglo XIX cuenta con demasiados exponentes. Ni siquiera los más pres- tigiosos palacios pasan de ser malas copias de la arquitectura que se puso de moda en Europa a partir de 1850. Basta recordar que dos viajeros franceses (Charles Wiener en 1888 y Teodoro Child en 1891) reprocharon la falta de originalidad y el mal gusto de la arquitectura santiagui- na, amén de su incontrolada tendencia al "fachadismo". Durante el siglo XVIII abundaron las intervenciones de orden cosmético: muchas fa - chadas de residencias sitas en el casco central se aproximaron al modelo neoclásico que impuso Toesca y sus epígonos. Algunos portalones hispánicos fueron sustituidos por por- tadas toscanas, desaparecieron los aleros y las fachadas se elevaron, escondiendo la teja, en tanto los antetechos y las balaustradas de madera hicieron desaparecer los aleros. Estas alteraciones superficiales no significaron modificaciones sustantivas del orden urbano imperante, aunque sí en la imagen. Durante los primeros años de Independencia la ciudad persiste en su chatura y monotonía, tributaria de los materiales básicos que la constituían: adobe y teja. Los rasgos distintivos aparentes se producían, precisamente, en Di ego Angulo lñíguez. D., Enrique Marco Dorta, y Juan Antonio Buschiazzo, l listoria del arre hispanoamericano, Editorial Salvat, Barcelona, 1956, 3 volúmenes. 5 Leopoldo Castedo, Historia del arte iberoamericano, Alianza Editorial, Madrid, l 988. '' Alfredo Bcnavides Rodríguez, La arquitecwra en el Virreinato del Pení en la Capitanía General de Chile, Ediciones Ercilla, Santiago, 194 l , p. 217. 317
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