Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico
El conflicto espacial se produce cuando ambos órdenes, igualmente válidos desde el punto de vista formal, se ven arbitrariamente mezclados, cuando al lado de un elemento formal estilístico se levanta una estructura moderna, rompiendo la conti- nuidad y desvirtuando el principio ordenador preexistente. Esto no significa que una estructura contemporánea no pueda engarzar armoniosamente en el orden formal preexistente, aceptando los principios ordenadores mismos, que no pueden o deben confundirse sin provocar caos espacial 18 1 . Una de las primeras irrupciones disociatorias de la continuidad morfológica de la Alameda fue el edificio cilíndrico que propuso el arquitecto Jorge Aguirre Silva en la esquina surponiente de Alameda con San Diego. Fue, en su concepción, una apuesta irreverente. Lo confirmó su materialización: un cilindro instalado junto a la Casa Central de la Universidad de Chile, separado solo por la calle San Diego, con una autonomía total. Duplicando la altura de edificio de Hénault, alteró de manera brutal la imagen de ese segmento de la avenida. ¿Qué posibilidades de armónica yuxtaposición ofrece un cilindro en manzanas de tradicional edificación continua? Los espacios residuales que le rodean son su inevita- ble y negativa consecuencia. Para completar su discordancia, los materiales y la expre- sión arquitectónica son enteramente distintos a los del establecimiento universitario. • Edificio comercial frente a la Biblioteca Nacional Con la excusa de que se trata de una construcción provisoria, un sitio baldío en la banda sur de la Alameda, frente a la Biblioteca Nacional, ha sido ocupado por un lo- cal comercial ajeno a toda relación plástico-figurativa de su contexto. En el plano de fachada, esta edificación, yuxtapuesta por el poniente al ex Teatro Santa Lucía (hoy "Hotel Caesar Business"), equivale a una construcción de cuatro pisos, sin cánones de diseño claros. La disociación con el ex Teatro es profunda. Afortunadamente, se trata de un pecado pasajero: es evidente que está destinado a ser sustituido por otro inmueble, si no de mayor altura, al menos de apariencia menos provisional. Por el mo- mento es, más bien, el soporte de una cinta de propagandas gigantes. En un segundo plano, retranqueada diez metros hacia el sur, emerge la fachada del hotel, monocorde y ajena a la expresión de la edilicia cercana. 181 René Martínez L., La Alameda de Santiago (a propósito de un concurso), en Revista AUCA Nº 46 (Arquitectura / Urbanismo/ Construcción/ Arte) , Santiago, 1983, pp. 15-16. 312
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