Mutaciones del patrimonio arquitectónico de Santiago de Chile. Una revisión del centro histórico

• Estación Central La primera estación Central, que cubría el tramo entre Santiago y San Bernardo se puso en marcha en 1857. Eran dos alargados cuerpos de edificios de ladrillo, de una planta, separados por los cuatro andenes y rodeados, en tres de sus costados, por una arquería de madera. El programa se reducía a las boleterías, las salas de espera, unas cuantas oficinas y bodegas. Un grupo de cuatro cobertizos contiguos, techados a dos aguas, cubría los andenes. En 1859 la línea se prolongaba hasta Rancagua; en 1862, hasta San Fernando y, en 1868, hasta Curicó. Entre 1863 y 1888, la Estación Central ya recibía, además, los trenes procedentes de Valparaíso. El 4 de enero de 1884 se creó, por ley, la Empresa de los Ferrocarriles del Estado. Se recomendó, entonces, la construcción, en Santiago, de una nueva estación termi- nal. Las obras se iniciaron en 1885, manteniendo los mismos andenes y la cubierta original. Como una manera de extender en 26 metros los andenes se antepuso, a la misma cubierta, dos bóvedas metálicas de 22 metros de luz, apoyadas al centro en una torrecilla de 20 metros de altura y, en los costados, en dos nuevos cuerpos de estilo neoclásico. Fue en 1896 cuando, con el propósito de salvar el espacio de los andenes con una cubierta sin apoyos intermedios, se encargó a la firma francesa Schneider y Cía. Le Creusot una estructura metálica que reuniera esa característica. Dicha cubierta -el actual sello de distinción del edificio- tiene una longitud de 158 metros, una altura de 20 metros y cubre una luz de 48 metros. Los 16 marcos que forman la bóveda rematan en un decorativo arco frontal que sostiene un reloj en su cúspide. Iniciada la fabricación en 1897, el montaje de esta estructura quedó terminado en 1900. De la estación anterior - la segunda- se conservan los dos cuerpos laterales, de una planta, que datan de 1885. Su traza neoclásica enfatiza la simetría del conj unto. La declaratoria de Monumento Nacional se extiende a dos edificios anexos situa- dos al oriente de la estación: el ex "Hotel Melosi", construido en 1890 y un edificio colindante de poca superficie, ambos de dos pisos, de muros de ladrillo y de rasgos neoclásicos. Respecto de su entorno, es preciso señalar que, desde mediados del siglo XIX, esta estación, importante hito urbano, ha dado al barrio su identidad y ese carácter sin- gular que cualifica el terminal de trenes. Acompañada al oriente y al poniente por edificios homogéneos de dos y tres pisos de comienzos del pasado siglo, la estación enfrenta el gran espacio abierto de la Plaza Argentina -hoy día reducida en superfi- cie- que contribuye a destacar su presencia. Los cambios que ha experimentado la Estación Central, si bien no han degradado la personalidad del edificio, han repercutido en su ambiente: la actividad que antaño fue netamente de transporte se ha matizado con los intereses comerciales de las gran- des y pequeñas tiendas comerciales que la emboscan. Atenazada por unas edificaciones laterales que, si bien intentan respetar la imposta baja de la edificación preexistente (la que existía antes de la intervención), compositi- vamente proponen leyes distintas: a la macicez de los cuerpos que se disponen a uno y otro lado de la nave metálica, se adosan volúmenes comerciales de acero y vidrio -siendo definitivos ofrecen la imagen de unos agregados provisionales- , cuya fachada 307

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